Más allá de sus célebres frases que dieron tanto que hablar, como “la calle es mía”, Manuel Fraga Iribarne amó a España por encima de todo y fue, junto con Santiago Carrillo, uno de los verdaderos artífices de la democracia que hoy vivimos.
Para Don Manuel solo contaba España. No le gustaban los nacionalismos, a los que tenía verdadera antipatía, hasta el punto que un día, en su despacho de la Xunta de Galicia, comentó que los grandes partidos nunca deberían pactar con los partidos nacionalistas.
Respetaba sobre todo la inteligencia, fuese de su
orilla política o de la contraria. Esto quedó demostrado cuando presentó en el Club
Siglo XXI a Santiago Carrillo, gesto que por entonces no fue comprendido por
muchos de los que se proclamaron demócratas, que no lo eran ni lo han sido hasta
la fecha. Hay que recordar que fue Manuel Fraga quien paró los pies a la derecha más radical cuando se estaba redactando la Constitución de 1978, de la cual fue uno de los padres.
Fraga ocupará un lugar destacado en la historia
contemporánea de España y será recordado por respeto por la inmensa mayoría de
los españoles. Fundador de Alianza Popular y más tarde del Partido Popular,
donde inculcó y reivindicó las políticas de centro derecha. Apadrinó a muchos
políticos del PP como José María Aznar, Alberto Ruiz Gallardón y Alberto Núñez
Feijoo.
España ha perdido un gran político que sumó mucho más de lo que
restó, que en definitiva es la misión de un buen político. Fue también su mayor
crítico, reconoció siempre sus errores, cosa que muy pocos políticos son
capaces de hacer.
Descanse en paz Don Manuel. |