Después de perder la alcaldía por tan sólo 138 votos, el portavoz del Partido Popular afronta la nueva situación en la oposición con la ilusión de recuperar la confianza de los vecinos de Cuenca a través de una oposición firme y con unas prioridades muy claras: generación de empleo, impulso de la actividad económica y consolidación de la confianza ciudadana. De estos y otros temas habla Pedro J. Hidalgo en esta entrevista concedida a TRIBUNA MUNICIPAL.
PREGUNTA. ¿Cómo valoran los resultados electorales del
pasado 22 de mayo después de una lucha tan igualada?
RESPUESTA. Cuando te presentas a unas elecciones, sabes que una de
las posibilidades es perder. Es verdad que los datos que teníamos señalaban
nuestra victoria. Al final una diferencia de 138 votos nos han situado en la
oposición. Los ciudadanos hablan y su veredicto es inapelable. Evidentemente,
no conseguimos el objetivo que nos proponíamos.
P. ¿Podría hacer un balance de los tres primeros meses de
gestión del equipo de gobierno?
R. Estos han sido los tres meses de lo que nosotros
llamamos "el reparto del botín”. Aumento de liberaciones de concejales del
equipo de gobierno; creación de una dirección general encubierta con un coste
de 72000 euros anuales; y ausencia absoluta de gestión. El alcalde ha querido
lavar la imagen con una foto con ADIF para iniciar un gran proyecto de
transformación urbanística de Cuenca, pero ha sido solo eso: una foto.
P. Ahora vienen cuatro años de trabajo muy duro en la
oposición. ¿Nos podría explicar las prioridades de su partido para esta legislatura?
R. Por un lado poner en valor el programa con el que nos
presentamos a las elecciones que ha sido apoyado por tantos conquenses, casi
como los que apoyaron el programa del PSOE; controlar con exigencia al Gobierno;
y recuperar la confianza de las personas que no nos votaron en las pasadas
municipales.
P. ¿Qué alternativas locales proponen para paliar el
problema del desempleo en la ciudad?
R. Todas las políticas que se pongan en marcha desde el Ayuntamiento
deben ir orientadas a la generación de empleo y a la creación de confianza, sin
la cual no se crea empleo. Debemos aprovechar el AVE y nuestra situación entre
Madrid y Valencia como un factor importantísimo para el empleo del sector
turístico y otros. Hay que facilitar al máximo posible la creación de empresas
de tal manera que para aquellos emprendedores que se deciden a abrir un
negocio, no les resulte un calvario la tramitación administrativa del mismo. Y
tenemos una gran oportunidad con la transformación urbanística del centro de la
ciudad una vez que se eliminen las vías del ferrocarril. Pero sobre todo es
urgente un cambio en el Gobierno nacional para que vuelva la confianza que es
indispensable para reactivar otra vez nuestra economía.
P. ¿Cuál es la situación financiera real del Ayuntamiento?
R. El Ayuntamiento de Cuenca está como están la mayoría de
los ayuntamientos. Es urgente una nueva Ley de financiación local y una clara
distribución de competencias entre las distintas administraciones.
Aunque el alcalde ande lamentándose continuamente por la
situación económica, juega con una ventaja que es que ya conocía la situación
antes de llegar a la alcaldía, porque el gobierno anterior actuó con total
transparencia. Juan Ávila sabía perfectamente como estaba la economía
municipal. Sin embargo, el Ayuntamiento de Cuenca no ha llegado a la situación
de algunos ayuntamientos de la provincia de Cuenca, por ejemplo, que después de
estar gobernados por el PSOE, no pueden pagar las nóminas y han sufrido hasta
cortes de luz. 
P. ¿Cómo valora la situación actual de las
administraciones locales?
R. Las administraciones locales, y también el resto,
necesitan ser redimensionadas. Esta crisis ha de servir para hacer más pequeños
los ayuntamientos y el resto de las administraciones, porque tal como están
ahora son insostenibles. En la época de vacas gordas han ido creciendo y
creciendo, y ahora toca una dieta de adelgazamiento, como la puesta en marcha
por Cospedal en Castilla-La Mancha. Si las empresas han sufrido un duro ajuste,
las administraciones tienen que pasar
también por el mismo trance.
P. ¿No cree que la política de austeridad puesta en
marcha por algunos gobiernos populares, tanto autonómicos como locales,
conlleva el riesgo de poner en peligro servicios básicos para la ciudadanía?
R. No, lo peligroso es continuar como si nada hubiera
pasado. Precisamente las medidas se toman para garantizar los Servicios Sociales
básicos. Éstos peligrarían con gobiernos como el de Barreda en Castilla-la
Mancha que tenía, como hemos conocido ahora, una agenda oculta de
privatizaciones.
Hasta un gobierno amante del déficit como el socialista
de Zapatero, ha tenido que dar marcha atrás y reconocer que, como ha venido
diciendo Rajoy, es necesario poner un techo al déficit.
P. ¿Es partidario de la fusión de municipios? ¿Y de la
supresión de las diputaciones provinciales?
R. Soy partidario de un serio debate sobre todo ello. Las
fusiones de municipios ya se han practicado en otros países y creo que es hora
de planteárselo. Las diputaciones prestan servicios que para muchos municipios pequeños, como son bastantes de los de la
provincia de Cuenca, son imprescindibles. Sin embargo, creo que necesitan una
reorientación basada en la eficacia. Como dije antes, hay que redistribuir
competencias y clarificarlas. Las diputaciones, como ocurre con los
ayuntamientos, se dedican a algunas cosas a las que no debieran dedicarse,
detrayendo recursos para otras cuestiones que sí les son propias.
España necesita un nuevo dibujo institucional que afecte
a los ayuntamientos y diputaciones, pero también a una institución como el
Senado que o se reorienta hacia lo que debiera ser, o sea, una cámara de
representación autonómica, o los ciudadanos empezarán a percibirla, si no lo
han hecho ya, como una institución inservible.
P. ¿Qué opina sobre los ‘indignados’ y el ‘Movimiento
15-M’?
R. Creo que en este movimiento hay un inicio que era
esperanzador: ciudadanos libremente se deciden a abrir espacios públicos para
reclamar participación real en la política. No quieren ser meros espectadores y
no confían, como la mayoría de los ciudadanos, en nosotros, los políticos. El
grito de "No nos representan” deja bien claro su pensamiento. A mí eso me
pareció un germen importante que podría servir para abrir a los ciudadanos la
participación en la vida pública.
Sin embargo, pasado este inicio, la izquierda política se
adueño, o intentó adueñarse, del movimiento, con lo que ese esperanzador inicio
se truncó, desde mi punto de vista, en un fracaso.
Ahora, la llamada
potentísima de atención a los que nos dedicamos a la política, diciéndonos con
potencia que no les representamos, debe hacernos reflexionar al respecto. En la
sociedad red nadie quiere jugar el papel del espectador pasivo. La conversación
activa con el ciudadano es, quizá, la nueva forma de relación del político con
el ciudadano que no se puede obviar. |