|
El 19 de Enero de 2011, la prensa nacional anunciaba como una
gran noticia de convivencia entre los españoles el estreno en el Senado de una
gran conquista: la traducción simultánea de los idiomas regionales.
El efecto sobre la crisis de la deuda pública en los
mercados internacionales puede ser demoledor.
En un mundo global no existen anécdotas. Recuerdo que el día
que fue ordenada por el Banco de España la intervención de la caja cordobesa
Cajasur – una anécdota en el contexto financiero español- me contaba un amigo
norteamericano que trabaja en la bolsa de Nueva York, que la noticia cayó como
una bomba en Wall Street por el miedo que genera cualquier pequeño movimiento
en las fichas de dominó sobre el sistema financiero español, de ahí al europeo,
y del europeo al mundial. A este efecto allí prefieren llamarle, el "efecto
mariposa”, pero eso es lo de menos.
Solía decir mi padre, que después de la guerra, en Cáceres,
un modesto político que había conseguido alcanzar cierta notoriedad y algún
cargo de libre designación, más por sus méritos de guerra que por prosapia
intelectual, que cuando leyó su cese en el diario "Extremadura” por alguna
zacatúa que había debido cometer, comentó orgulloso en el casino mientras se
ponía de pie y dejaba caer el periódico con arrogante displicencia sobre la
mesa del julepe: "Ya va siendo hora de que nos vayan conociendo”.
Algo parecido deben sentir los adalides del separatismo
idiomático catalán, vasco o gallego, cuando comprueben el efecto que la traducción
simultánea al español en nuestro Senado,
producirá sin duda en los mercados mundiales.
¡Ya va siendo hora de que nos vayan conociendo!
Lo malo es que nuestro problema no es de idioma, que el
español es ansiosamente aprendido por todos los estudiantes del mundo salvo,
como es lógico, por los estudiantes de Cataluña, Galicia y País Vasco español, sino
de deuda. Y más concretamente de deuda pública.
El razonamiento es el siguiente:
Si el Estado español, en plena crisis económica, a lo que
dedica el corto pupilaje de sus menguantes recursos fiscales es a aplicar
traducción simultánea entre las lenguas regionales española y el idioma español
mientras recorta las pensiones de sus ancianos y el sueldo de sus funcionarios,
es que, como decía Astérix : "los españoles están locos”.
No se trata de la cuantía sino del gesto.
Alguien decía que, de nadie se puede afirmar que está
completamente loco, hasta que no empiece a tirar su dinero a la calle. Y algo
muy parecido es esto es lo que estamos haciendo los españoles justo en el
momento que somos el foco de atención de todos los observadores mundiales de
Fondo Monetario, del ECOFIN, de Banco Europeo, de China, de Merkel, de Sarkozy
y de Obama, para ver si nos intervienen o nos siguen dando limosna.
Y como lleguen a la conclusión de que "los españoles están
locos”, ni fondo de rescate, ni ayudas implícitas, ni Cristo que lo fundó; nos
echan de la zona euro y otra vez a ser la reserva espiritual de Occidente.
En tiempos de bonanza, nuestros agricultores tiraban semillas
de girasol sin recoger la cosecha pues de lo que se trataba era de recoger las
subvenciones de la Unión Europea para seguir viviendo del cuento. Había, al
menos, algo de disimulo.
Pero ahora con la crisis el cuento se acaba y la vida sigue.
Ya nadie nos quiere consentir bromas ni con el "cheque bebé”, ni con el
"papeles para todos”, ni mucho menos, lo digan o no lo digan, con la traducción
simultánea en el Senado. En este punto se hace preciso exigir a las
"Comunidades Históricas” un patriótico sentido de la responsabilidad por su
propio bien. Me explico.
Entre estas cuatro paredes del estado español, los
nacionalistas identitarios – algunos prefieren llamarles simplemente
separatistas, -sienten la necesidad de afirmar en el ámbito autonómico, la prioridad
del idioma regional en la docencia para recuperar el terreno perdido
históricamente frente al castellano, y ahí queda la cosa. Lo de menos es que
las empresas extranjeras huyan de Barcelona. Al fin y al cabo esa será una
herencia que los separatistas catalanes de hoy dejen a los catalanes de mañana,
mientras se benefician los de Valencia o los de Zaragoza, que no debemos de
olvidar que también forman parte de la vieja Corona de Aragón, en la que dicen los
catalanes apoyar su reivindicación nacionalista.
En el ámbito estatal sin embargo. Aunque persiguen la misma
finalidad, lo hacen a través de un vector diferente: la cooficialidad de sus
idiomas peculiares frente a la aplastante y excluyente presencia del español.
Absortos con sus planteamientos de la "Rebelión de la
Provincias” frente al Estado central, no se dan cuenta que en el mundo actual
los espectadores no ya los mismos. Y que las consecuencias de esa política
pueden estar contraindicadas y, preterintencionalmente, como dicen los
penalistas, producir efectos contrarios a los apetecidos.
Eso era antes, cuando vivíamos en la España autárquica. En aquella
España, de espaldas al mundo, se llenaban los periódicos con la osadía de una
homilía en catalán; con un encierro en los capuchinos de Montserrat; con el enésimo atentado; o con la noticia de
que un exterrorista de ETA iba a misa y
comulgaba sin confesarse.
Eso era el pasado. En el presente, el mundo entero audita a
diario nuestra conducta. Hasta los más leves gestos están sometidos a
escrutinio como se ha visto recientemente con las revelaciones de Wikileaks.
En este momento, propuestas como la de exigir la traducción
simultánea entre idiomas españoles, no sólo no constituye una eficaz defensa de
las regiones frente al Estado, sino que pueden convertirse en un mal amigo del
Estado de las Autonomías. La Unión Monetaria, Alemania y Francia, nos han
exigido un drástico recorte de gastos. El carácter imperativo de tal decisión
lo demuestra que el propio presidente español se haya visto obligado a reconocer
desde mayo pasado que no puede seguir aplicando su programa electoral. Y que
toda la política con la que accedió a la presidencia debía ser sustituida por
una política de recortes como la que ha puesto en práctica.
Después de obligarle - como ya comentaba mi artículo en esta
Tribuna Municipal "España carece de libertad” - a subir a 67 años la edad de
jubilación y a reformar el mercado laboral, el mal comportamiento de nuestras
variables de deuda ha impuesto al estado español la necesidad de controlar el
gasto de la Autonomías.
Este recorte no viene impuesto ni por los españolistas ni
por el centralismo madrileño. Tampoco es una revancha de los populares. Ha sido
Europa, y sólo Europa, la que ha dicho que nuestro estado autonómico es
demasiado caro para que se financie con fondos europeos en términos de derroche
y duplicidades.
No debemos olvidar que, si la aspiración última de nuestros
nacionalistas más razonable fuera la forma federal del estado. Pues de la
confederación no habla nadie, toda vez que los más extremistas, incluidos los
de PNV y CIU, no se detienen ahí, sino que aspiran a la independencia total y
absoluta. Estados federales que tiene mucho que decir acerca de nuestros
designios, como Alemania y USA, escrutan
detenidamente nuestros movimientos. Y ellos, que de Federalismo saben algo, y
que por encima de la "identidad” de cada uno de los estado miembros, tienen un
solo idioma común, contemplan con horror que los españoles en vez de aprovechar
el idioma común que es gratis, dediquemos recursos presupuestarios a la
traducción simultánea.
Y más, cuando se
trata de financiar nuestro Estado con dinero de ellos.
Termino. Me decía ayer un amigo, Magistrado de nuestro
Tribunal Supremo, y autor de diferentes libros sobre Constitucionalismo, que hace bastantes años en una Jornadas de
Expertos sobre Federalismo, le comentaba un experto de Alemania en Madrid: el Estado
de las Autonomías de ustedes se parece bastante al alemán. Lo que ocurre es que
como podrán comprobar con el tiempo, resulta muy caro. Alemania, de momento, no
tiene dinero para sufragarlo, mientras hace el esfuerzo de absorber la Alemania
del Este.
Las reformas que han hecho en su Constitución los alemanes
inspiradas en razones económicas, han ido en la dirección de defender la
igualdad y la fuerza de todos los alemanes en los mercados mundiales. Y eso
debe tener algo que ver con que este año Alemania haya batido su propio récord
en la creación de empleo y en la exportación, a la par que crece a un ritmo
superior al resto de los países de Europa.
En estos mismos términos debe plantearse el futuro de
nuestras Autonomías: no de dar pasos atrás avocando para el Estado competencias
ya transferidas. Sino exigiendo y consiguiendo, que las Autonomías no sigan
siendo un foco de derroche. Y para esto, el Senado puede ser un eficaz
instrumento.
Pero
por favor, sin traducción simultánea |