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"Prohibido fumar en los parques y las playas de la ciudad”.
Cuando los representantes de las furibundas asociaciones de restaurantes, bares
y locales de ocio, así como algunos de los más granados portavoces de esa
anarco-derecha española, tan exigente con –algunas-libertades personales,
leyeron el titular de prensa, se escandalizaron de inmediato. "Dios mío, ¿Qué
nueva ciudad en manos de esos ‘sociatas rijosos’ se ha marcado este nuevo
exceso? ¿Dónde vamos a ir a parar? pensaron y, por aquello de lo de las playas,
inmediatamente dedujeron que se trataría de Barcelona o San Sebastián, que
Valencia y Alicante están a buen recaudo, en manos ´sensatas”... Y se
equivocaron.
Esta nueva ofensiva a favor de la salud pública está
firmada... por el consejo municipal de Nueva York, quien ha seguido los pasos
de otras ciudades como Chicago y San Francisco y ha prohibido radicalmente el
tabaco en todos los parques y zonas públicas de las playas. El alcalde, el muy
conservador Michael Bloomberg, ha señalado que "en verano (cuando la norma
entre en vigor) los ciudadanos que acudan a los parques y playas a divertirse
podrán respirar un aire más limpio y no tendrán que sentarse sobre colillas”.
De esta forma, la ciudad que es el faro de modernidad
mundial, que marca todas las tendencias –para bien o para mal- en el mundo
occidental, ha dado un paso más en le cerco a los fumadores que, por cierto,
desde hace años ,no podían satisfacer su adicción en bares, restaurantes,
locales de ocio y edificios públicos. Y, curiosamente, oiga, no quebró ningún
local a causa de la prohibición. Muchos cerraron, claro que si, a consecuencia
de la crisis económica, o por la mala gestión de sus dueños o porque, ese
negocio es así qué le vamos a hacer, dejaron de estar "de moda”.
Y nadie le echó la culpa a Rubalcaba ni a Zapatero. Pero
España es diferente. En nuestro país tenemos un antídoto contra la reflexión,
que es la ira gritona. Y esa voz iracunda, sin pensamiento ni sosiego detrás,
se ha alzado contra las leyes anti tabaco. No es que a los impulsores de la
campaña les importe ni poco ni mucho la salud de sus trabajadores y clientes...
Es que venía bien y a mano.
A unos, para intentar desgastar al Gobierno, que todo vale.
Es bien sabido que, en nuestro país, la
primera víctima inocente del fragor político es la verdad. Nadie está dispuesto a renunciar a un
argumento que ‘venda bien’ por el pequeño detalle de que sea mentira.
A otros, porque tienen un chivo expiatorio a quien colgarle
sus problemas, con la esperanza (con e minúscula, que en la comunidad de Madrid
se escribe con mayúscula) de sacarle unos cuartos y unas subvenciones a cuenta
de la ley. Y tienen buenos maestros en este arte, que Gerardo Diaz Ferrán
parece ser que ha sido y es un espejo para muchos empresarios que todavía
admiran y –al parecer- aplican sus
triquiñuelas contables y sus lloros de adversidad para encubrir una gestión
que, ahora, el fiscal considera culpable y dolosa.
Vaya tropa. Y Zapatero sin dimitir.
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