Martes, 22 de Mayo de 2012
Opinión
La Hora de los Municipios > Salvador García Llanos
Ascensor y semáforo
 
Salvador García Llanos
Periodista y escritor
17 de Marzo de 2011
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-¡Ay, semáforo, consuélate, me tocó primero-, dijo el ascensor con cierto patetismo, mientras recordaba la de veces que los vecinos del portal habían clamado por su dotación, escaleras arriba, tras numerosas e infructuosas reuniones de los miembros de la comunidad que nunca se pusieron de acuerdo para afrontar la derrama con la que financiar la instalación.

-Es que aquí hago mucha falta. Imagínate, hasta alguna vida humana se pudo haber salvado. Pero me siento abrumado, no esperaba tanta pompa y tanto aparato-, replicó con evidente desazón el semáforo cuyos dispositivos interiores habían sincronizado desde el día anterior para que funcionara a plenitud.

-No lo comprendo -siguió el elevador durante el enésimo trayecto de los abuelos del cuarto-, convertirnos en carne de inauguraciones políticas, a estas alturas. Creía que estábamos excluidos de ciertos ceremoniales.

-¡Ah!, no sabes tú bien en la tierra que nos encontramos -enfatizó el semáforo enhiesto- donde, por si no lo sabes, tocan el tambor y la gente se mueve. Aquí, con tal de dejar sello, cualquier cosa es posible.

-¿Pero también nosotros?-, se preguntó con evidente desazón el ascensor. Para mí, que encima quieren cobrar el favor. Fíjate, uno siempre aspirando a prestar los servicios comunitarios sin más, soportando empujones, saltos y sobrecargas, y aquí están, probando los botones, mirando al techo y al suelo, inevitables gestos humanos cuando nos utilizan.

-Tranquilo, ya sé que el ajetreo dura unos pocos minutos, lo que tarde en llegar algún fotógrafo y los cámaras de las locales que no saben dónde queda la calle-, afirmó con ánimo resignado el artefacto reluciente aprovechando un cambio de luces.

-Tienes razón -prosiguió para luego razonar: Nuestro papel es el que está reservado a atender demandas que seguro son justas. Formamos parte del desenvolvimiento cotidiano. Si nos ponen es porque hacemos falta, porque es obligación de quienes tienen responsabilidades en la Administración y no hay necesidad de airear nada. Por muchos ochenta mil euros que, en mi caso, han tenido que abonar dos instituciones. ¿Qué te crees?

El ascensor aguardó a que dos representantes de éstas, para materializar la oficialidad, cruzaran el paso de peatones con lo que el semáforo se sintió realizado sin entender la aglomeración, las prisas, las sonrisas y los guiños.

Por si no se ha entendido el apócrifo diálogo: en dos municipios tinerfeños han puesto en marcha un ascensor y un semáforo. Insólito, ¿a que sí? Aún partiendo de que todo político tiene derecho a inaugurar, valgan los dos casos citados como expresión del exceso, de recurrir a lo que sea -sobre todo si anda algo depauperada la gestión- con el afán de notoriedad que en vísperas electorales se cotiza al alza. El sentido común indica que no es para hacer alardes de ningún tipo con elementos dotacionales de esta naturaleza. Por condiciones de vida y por seguridad vial.

Y después se burlan de medidas de ahorro energético.
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