Los
Comités de Empresa de Prisa quieren transmitir a los 15.000 empleados, a la
sociedad española, a los inversores y Gobiernos, que los responsables del Grupo
pretenden ningunear a los representantes de los trabajadores en un momento de
enorme trascendencia para el futuro inmediato, tanto de nuestras compañías,
como de la pluralidad informativa y los principios ideológicos sobre los que se
edificó esta casa en las últimas tres décadas. La única información de la que
disponemos sobre la entrada de una nueva mayoría accionarial en Prisa, el fondo
de inversión Liberty, es la misma que se ha publicado -siempre en inglés, sin
traducción al castellano- tanto en el órgano regulador de la Bolsa de Nueva
York (SEC) como de la española (CNMV).
De los documentos publicados, poco menos que ininteligibles para el ciudadano
medianamente informado e incluso para los iniciados a los que hemos consultado,
deducimos que esta complejísima operación es sobre todo financiera y no
industrial. Eso sí, seguimos en las recetas clásicas. Quienes tienen el
cometido de pensar en cómo cocinar para dar gusto a los nuevos comensales no
han encontrado ni nuevos ingredientes, ni preparaciones novedosas para afrontar
el futuro. Como se recoge en dichos papeles, sólo se les ocurre externalizar
todo lo externalizable, trocear todo lo que sea divisible, vender las porciones
prescindibles, abaratar el precio del trabajo y mantener a la cabeza del Grupo
a quien no se ha destacado precisamente por su olfato en los negocios. Ni
siquiera los mercados financieros a los que se recurre parecen entusiasmarse
con la operación, habida cuenta de la evolución de la cotización.
Será interesante entender cómo un fondo especulativo compra más de la mitad de
una empresa con fuertes deudas y al tiempo se mantiene al margen de la gestión,
así como conocer las condiciones exigidas por los bancos acreedores. Pecaríamos
de ingenuos e irresponsables si esperásemos que las previsiones financieras de
los nuevos inversores conlleven más puestos de trabajo y un aumento en la
calidad del empleo.
Prisa es algo más que un negocio, ha constituido un puntal para la
construcción, el desarrollo y el mantenimiento de la democracia en este país.
La influencia y el prestigio del primer grupo de comunicación en español
constituyen un bocado sabroso para cualquiera que pretenda dominar más hilos de
poder.
La
incertidumbre de nuestros compañeros de informática por la externalización de
su trabajo a Indra, incumpliendo en algunos casos una carta de garantías
firmada hace un año por la propia dirección; la desazón de los de Cuatro
por la venta de la televisión en abierto al grupo inversor de Silvio Berlusconi
o el traspaso del capital humano que formamos a empresas con ansias
monopolísticas que ofrecen condiciones laborales bazofia, son la punta del
iceberg de las aviesas intenciones de la patronal, que pretende utilizar el
fracaso del capitalismo financiero demostrado en esta crisis para rebajar
nuestras condiciones laborales.
Como es evidente, sólo la negociación de buena fe evitará el conflicto y sólo
la participación de todas las plantillas en el proyecto puede lograr que éste
llegue a buen término, que es el objetivo de todos. Por ello, vamos a solicitar
reuniones con los máximos responsables del grupo Prisa y de Liberty para
convencerles de la necesidad de recorrer juntos ese camino al futuro que, al
menos nosotros, no tememos.
Comités de Empresa de Unión
Radio (SER), Santillana, Sogecable, Ítaca, Cinco Días, As, El País, Box
Publicidad, ASIP, Pressprint, Prisacom, Progresa, Catsa y GDM