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Todos lloraban cuando el pasado
12 de octubre se daba a conocer por fin la propuesta de reforma de la Política Agraria
Común para el periodo 2014-2020. La que más lloraba era Rosa Aguilar, a pesar
de que algo debía saber de antemano porque para eso es miembro del consejo de
Ministros europeos; lloraban Silvia Clemente y Juan Vicente Herrera, y también
lloraba en el oposición Óscar López; incluso se adivinaba una lagrimita en la
cara de Dacian Ciolos, que dejaba entrever que los otros comisarios habían sido
más poderosos a la hora de primar sus departamentos y que él había hecho lo que
había podido. Vamos, que "Entre todos la mataron y ella sola se murió”, como
dicen en el pueblo.
Al final, a los agricultores y
ganaderos, que nuestros enemigos dicen que tenemos fama de llorones, ya no nos
quedaban lágrimas para seguir protestando. Sabemos que esos lamentos se los
lleva el viento, y que lo que acaban permaneciendo son los reglamentos que cada
año regularán nuestro sector. Lo que permanecerá sin duda es ese recorte del
doce por ciento. Y donde algo puede arañarse, si nuestros políticos dejan de
llorar y se dedican a trabajar, es en el enfoque de los recursos que queden.
En ese punto, a ASAJA le preocupa
que, en tiempos de crisis e incluso de hambre severa en muchas partes del
planeta, en la propuesta no se prime la agricultura productiva, sino todo lo
contrario. Que no se apoye con claridad a los verdaderos profesionales, sino
que deje manga ancha a los que tienen el campo como actividad de fin de semana,
a los que encima califica de "agricultores activos”. Si esos son activos, está
claro por qué ASAJA está haciendo campaña a favor del "agricultor
superactivo”·, el que de verdad vive del sector e invierte en su explotación.
Otro golpe bajo de la reforma es
la eliminación de las cuotas de producción para sectores vitales para Castilla
y León, como son el azúcar, la leche o el viñedo. Y igualmente grave es que el
documento pase de puntillas por el gran problema de la agricultura y ganadería
actuales: la obtención de un precio digno y el control de la cadena de valor y
márgenes comerciales de los productos.
Como decía al principio, chocaba
ver que quien más lloraba era la propia ministra, como si ella no hubiera sido
parte implicada, informada y corresponsable del documento que desde hace
bastantes meses se iba fraguando en Bruselas. Pero es que Rosa Aguilar, hábil
animal político, ya estaba replegando las alas y tomando posiciones en su
próximo y previsible papel, en la oposición. "¡Esto está muy mal, que lo
arregle el próximo Gobierno!”, más o menos venía a decir. Y al Partido Popular,
y especialmente a su presidente señor Rajoy, le ha pillado con el paso
cambiado. Ya no le va a valer con
ejercer de oposición y criticar lo mal que va todo, porque sabe que en
cuatro días tendrá la obligación hacerlo realidad cuando se asiente en el
palacio de Atocha, en el de nuevo ministerio de Agricultura, como él mismo se
ha comprometido.
Y a Castilla y León también le tocará enjugarse las lágrimas y liderar
la defensa nacional de una PAC comprometida con la agricultura y ganadería
profesional. La negociación que cuajará en el documento final será dura y no ha
hecho más que empezar, porque posiblemente se aprobará a finales de 2013 a altas horas de la
madrugada, agotando todo el tiempo posible. Un tiempo precioso que, pese a las
barrabasadas ya hechas, el gobierno que salga tras el 20 de noviembre no puede
ni debe perder. A ASAJA no le valdrá la excusa de que los que estuvieron antes
no hicieron nada: o se es jefe, o se es indio. La responsabilidad final del
éxito o del fracaso será únicamente del jefe de Estado de la nación, que será
el que estampará su rúbrica en ese papel que determinará el futuro de nuestro
campo.
Donaciano Dujo Caminero, presidente de ASAJA de Castilla y León |