Entre los
cinco millones de parados, ni están todos los que son, ni son todos los que
están. Este artículo va dedicado a los varios millones que cobran el paro sin
estar parados, rechazan los empleos que se les ofrecen, y perjudicando a los
otros.
En España
"cobrar el paro" se ha convertido en una frase corriente que no
requiere explicación. Hasta tal punto se tiene asumido que el Estado le paga un
subsidio a todo el que está parado, que se confunde la situación de paro que se
padece con el subsidio de paro que se disfruta. Así, es frecuente escuchar sin
alarmarse paradojas como la de quien dice sin rubor "mi marido trabaja en
el paro".
Por esta
razón, es falso que en España tengamos cinco millones de parados aunque lo
digan las estadísticas y lo estemos repitiendo a diario, sin ponernos colorados
cuando, al mismo tiempo, comentamos el gran fracaso de la economía de los EEUU,
que tiene un 9% de paro, lo que constituye bastante menos de la mitad del paro
que teóricamente tenemos nosotros. Bien es verdad que este comentario suele ir
seguido de "aquí no ha habido tiros ya gracias al paro, es decir, gracias
al subsidio de paro y gracias a la economía sumergida".
El Estado de
bienestar está muy bien, pero pagarle a la gente como regla por no trabajar, no
es Estado de bienestar, sino fomento de la vagancia y de la economía sumergida.
Aunque sea
políticamente incorrecto decirlo, debemos reconocer que en España nos hemos
llegado a creer que la cultura del ocio consiste en que el Estado nos pague un
sueldo por no trabajar. Esto ha funcionado durante un tiempo de bonanza, hasta
que, con la crisis, los alemanes han decidido que con dinero alemán no vamos a
seguir los españoles "cobrando el paro".
Que muchos
españoles no quieren trabajar es incuestionable. Hemos ido abandonando los
puestos de servicio doméstico, de camareros, de albañiles y de recogedores de
tomates porque nadie nos obliga a aceptar el empleo que se nos ofrece. En todos
esos oficios, donde antes había un español, ahora hay un ecuatoriano, un
marroquí o un rumano, tanto hombre como mujer. Por el contrario, el Estado nos
paga por continuar parados-es decir, por no hacer nada- un sueldo que nos
garantiza al menos la subsistencia y que completamos con trabajos clandestinos
que nos garantizan un poder adquisitivo como "parados" superior
incluso al poder adquisitivo que tendríamos como "empleados".
De este modo
es como se ha ido creando una legión de cinco millones de subsidiados a los que
llamamos "parados", mientras que quienes van a los comedores de
caridad son una mínima parte de esta "famélica legión". Cierto que
hay muchos parados honrados, y estos cobran poco, ya que una parte de lo que
debiera corresponderles se lo están llevando los que no deberían cobrarlo, en
fraude de los demás.
Otra prueba
de que los españoles hemos confundido Estado de bienestar con "sopa
boba" es que, estadísticamente, somos el país europeo con mayor absentismo
laboral; es decir, el país donde mayor número de personas y de gente que por la
mañana, prefiere hacer sus cosas que ir a trabajar. A esto contribuye de manera
eficaz la facilidad con la que los bastantes médicos del seguro le dan, bajo
presión sindical, la baja por enfermedad a todo el que lo solicita sin
constatar la gravedad del mal que dice aquejarle y si esta es realmente
impeditiva de la aptitud para trabajar.
Es
terrorífico que de los españoles que siguen teniendo trabajo fijo, un millón
cada día falten al trabajo, y esto son datos no fantasías, que conocen también
los alemanes.
Así es
imposible salir adelante. Si necesitas un trabajador para cualquier
eventualidad empresarial, doméstica o agraria, no viene nadie si le pides los
papeles y le "amenazas" con darle de alta en la Seguridad Social.
Clandestinos, los que quieras. Con papeles, ni uno. Por otro lado, en Madrid, un
viernes por la noche a las diez si quieres comprar algo, tienes que ir
necesariamente a la tienda de los chinos que es la única que se encuentra
abierta a todas horas, porque para el chino no hay "paro" que valga
-tampoco subsidio-sino que está toda la familia y a todas horas detrás del
mostrador, y nosotros tan tranquilos.
¿Cómo vamos
a poder competir con China?
Trabajando
los chinos de la manera que trabajan aquí, en su país no hay "paro".
El Partido Comunista Chino no le paga subsidio de desempleo al que se queda
parado. A esto se le suma que tampoco tienen un Estado de bienestar social que
retribuir con empinadas cotizaciones sociales como nosotros. Con todo lo cual,
producen mucho y muy barato. Son productos cada vez con más calidad que luego
nos venden en Occidente a través de esa enorme red comercial que constituyen
las "tiendas de los chinos", en las que trabajan sin límites, sin
horarios comerciales, y donde vamos a comprar los españoles parados con el
dinero que nos ha regalado el Estado por no trabajar.
Por ello no
debe extrañarnos que crezcan al 10% mientras nosotros nos estancamos o
retrocedemos, mientras China tiene en su poder la mayor parte de la deuda de
los EEUU de América y está a punto de convertirse en la primera potencia
económica del mundo.
Cuando los
mercados estaban cerrados o eran compartimentos estancos, China no nos hacía
competencia directa a los occidentales, pero hoy, con la globalización, ellos
-que no tienen plomo en los bolsillos, como nosotros- corren mucho más deprisa
y mucha más distancia que nosotros. El Estado Chino, pese a ser comunista, no
gasta en proteger a sus obreros ni en defensas medioambientales contra el
cambio climático como nosotros.
Si a ello se
le suma que allí pierden poco tiempo en debates parlamentarios entre demócratas
y republicanos, como en Norteamérica, o entre alemanes, griegos, holandeses y
españoles, como en Europa, pues el partido comunista chino se encarga de
imponer "ipso facto” en todo su inmenso territorio las decisiones que,
buenas o malas, se adoptan en Pekín. La rapidez con que aplican su medicina
hace mucho más eficaz el remedio, y no como aquí donde 17 parlamentos tienen
que ratificar, previo debate, cualquier determinación por simple que sea.
Está claro,
por tanto, que la crisis actual la padecemos con mayor gravedad los países de
Europa y EEUU, porque nos hemos dotado de un sistema de cobertura social tan
ambicioso que nos impide competir en un mercado abierto con quienes, como los
BRICS, no tienen la hipoteca de un "Medi care", "Medi caid",
ni-mucho menos- una cobertura social y sanitaria universal, completa y gratuita
a cargo del Estado como ocurre con el modelo social europeo.
Para
defender tanto y tan bien a los obreros como se los defiende en Europa hay que
ser muy capitalista y muy rico para poder sufragar el enorme coste de estos
servicios sociales. Por eso ningún paraíso proletario, socialista o comunista,
ha conseguido nunca -ni en Rusia, ni en China, ni en Cuba- nada parecido al
modelo europeo del que tan orgullosos no encontramos los que somos de derechas.
Por esto, también es falso el debate actual de la campaña electoral sobre si
los recortes son socialistas o populares. No es problema de la ideología del
pagador, es problema de caja, y cuando no hay, no hay. Entonces hay que recortar,
y recortarán si no tienen dinero los populares, como ya recortaron, porque se
lo habían gastado antes en tonterías, los socialistas.
Si a la hora
de competir en los mercados estas cargas constituyen un lastre, no cabe duda de
que, mientras China y los países emergentes vayan poniendo en marcha un sistema
de protección social parecido al nuestro, cosa que necesariamente afrontarán
con el tiempo a medida que el avance social, que allí también se irá
produciendo lo exija. Serán China y los demás emergentes los culpables de que
no tengamos los europeos otra solución para mantener nuestro sistema de
coberturas que aplicar o el recorte, o el copago de los sistemas públicos de
cobertura social. De lo contrario, Europa entrará en quiebra y el Estado de bienestar
que tenemos, no es que se deteriore o disminuya, es que se mostrará inviable
económicamente y directamente desaparecerá.
De ahí que
la moraleja sea la siguiente: si queremos seguir teniendo Estado de bienestar
con educación, sanidad y pensiones, no puede seguir habiendo cinco millones de
parados. Alemania puede porque exporta tecnología, y no tiene el paro que
nosotros, pero España está claro que en las actuales condiciones no se lo puede
permitir.