|
En
cierta ocasión un abuelo le dijo a su nieto: Dentro de cada uno de nosotros
habitan dos seres enfrentados en una batalla constante, uno ama el derrotismo, le
gusta ser la victima de todo, es de espíritu cobarde, invierte el tiempo de
solucionar en culpar a los demás por sus propios fracasos, siente envidia
insana y odio por todo aquel que consigue avanzar más que él y al resultado del
esfuerzo ajeno lo llama "tener suerte”. El otro es de mentalidad positiva,
invierte su tiempo en la búsqueda de soluciones en vez de santificar el
problema, sabe que puede ser una víctima de las circunstancias pero eso no le
frena, le gusta formar parte de las soluciones y disfruta de las pequeñas cosas
sin valor que, unidas, otros llaman éxito. El nieto meditó unos instantes en
las palabras de su abuelo y le dijo: Entonces, ¿cuál de los dos gana la batalla?
A lo que el abuelo le contestó: El que tú decidas mantener alimentado con tus
pensamientos y tus palabras.
Somos
lo que pensamos y actuamos conforme pensamos. En consecuencia, socialmente y
como comunidad, somos la suma de esos pensamientos individuales unidos que, a
modo de una gran mente activa, convierte al conjunto de la sociedad en la
consecuencia de su propia forma de pensar. En eso se basa el Neuromarketing,
también llamado la mente del mercado. Como en el consejo que el sabio abuelo
enseñaba a su hijo, la sociedad como conjunto también acaba viendo crecer y
ganar al ser interno que deciden alimentar.
Los
componentes de una sociedad tienen pensamientos individuales tan variados como el
número de componentes que la
forma. Por eso, ante un problema global que llamamos crisis y
que nos afecta a todos, es muy importante el pensamiento individual adecuado para
llegar a una solución favorable, porque la interacción social del pensamiento existe
aunque se niegue por parte de muchos, del mismo modo que la circulación sanguínea
existía antes de ser descubierta por Miguel Servet, a quien por cierto quemaron
vivo en 1553 por tal atrevimiento en medio de una sociedad que no se
consideraba a sí misma estúpida, sino más bien todo lo contrario.
Para
empezar a solucionar nuestros problemas y poder avanzar hacia el éxito vamos a
necesitar reajustar nuestra mente tanto como aquella sociedad que no creía en
la circulación sanguínea y tuvo que acabar creyendo a la fuerza. Mientras
creían o no, la sangre circulaba de todos modos porque ser creída le importaba
poco y era ajena a todos los debates. Nosotros como sociedad vamos a necesitar
cambiar de forma radical nuestra forma de pensar, porque la sociedad que
padecemos la hemos generado nosotros mismos con nuestro pensamiento al
considerar que todo se mide en euros. La filosofía del "para lo que me pagan no
me voy a esforzar más”, o del "hablemos del precio que lo demás no me importa”,
la de "los empleados son sólo números”, etc. ha llegado a su final, aunque no
lo queramos ver. Como individuos debemos empezar a ofrecer a los demás aquello
que reclamamos para nosotros por algo tan simple, y a la vez tan complejo, como
es la interacción de la
sociedad. Porque si la cultura egoísta del sólo vamos a lo nuestro permanece viva,
siempre tendremos a todo nuestro entorno humano amargándonos la existencia
porque sólo van a lo suyo, mientras que si todos comenzamos a hacer las cosas
pensando en los demás, tendremos a la mayoría de la sociedad beneficiando a los
otros como parte de su entorno. La disciplina y la consideración no tienen que
estar reñidas con la libertad individual, la búsqueda de éxito no debe ser
incompatible con tener y cultivar valores de convivencia.
Protestar
y quejarse es fácil, pero los líderes no son los que ofrecen un discurso de
queja sino los que dejan huellas positivas en medio de un tiempo en el que cada
día es de por sí un desafío. Por eso en tu vida, en tu trabajo, en tu empresa
piensa en lo que necesitan los demás y ofrécelo generosamente y los demás
vendrán a ti sin llamarlos.
Personalmente,
mi método consiste en utilizar la
nota AAAA+ para enfrentar los problemas. La calificación AAAA+ para mí consiste en:
Analizar: Analiza la circunstancia
completa, sin sesgos y analiza bien. Un buen estratega no pierde la perspectiva. Las
situaciones rara vez son absolutas y casi siempre son relativas. Analiza desde
distintos ángulos.
Aceptar: Acepta los resultados y
la situación desde la realidad, con independencia de si te gusta o no. Los
resultados son el espejo de la situación y no deben tratarse como una
acusación.
Adaptarse: La nueva situación te
obliga a adaptarte, la evolución natural es la adaptación. Intentar
encontrar soluciones en una situación que ya sólo existe en el recuerdo (aunque
sea inmediato) es tan absurdo como buscar soluciones para que los dinosaurios
no se extingan.
Actuar: Con una situación bien
analizada (sin autoengaños), aceptada y a la que nos hemos adaptado, solo nos
queda actuar. Pasar a la acción, comenzar un nuevo viaje aunque estemos
buscando el mismo objetivo, del mismo modo que una carretera cortada no debe
cambiar nuestro destino, tan sólo modifica nuestra ruta hasta el mismo.
+: Ser positivo tiene poco que ver con el tan
recurrido ejemplo de la botella medio vacía o medio llena, la botella está por
la mitad y el resto son percepciones. Ser positivo más bien está relacionado
con saber encontrar las ventajas en medio de las desventajas mientras que se es
consciente del entorno mismo.
Y
ahora, volviendo a la ilustración del abuelo y su nieto: ¿a qué ser interno
alimentas tú con tus pensamientos, conversaciones y palabras? Recuerda, somos
la consecuencia de lo que pensamos. |