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jueves 24 noviembre 2022
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Charlan los sanitarios de las emergencias de Ayuso: "Hemos vivido una pesadilla"

Saña, impotencia, tristeza, ansiedad, sofocación… Así se han sentido los sanitarios que se han visto de manera directa perjudicados por la apertura de los centros de emergencias extrahospitalarias en la villa de Madrid, sin la planificación y el personal suficiente. Tras doce días de huelga, el sindicato de médicos mayoritario Amyts ha desconvocado la queja por el hecho de que la Comunidad de la capital española se ha comprometido a fortalecer tanto los ambulatorios urbanos como rurales, mas han sido unos días embrollados y donde los profesionales han trabajado en condiciones de «peligrosidad» para los pacientes y para ellos mismos, conforme denuncian.

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Acá explican la «pesadilla» que han vivido 4 profesionales, 3 de ellos trasladados a un centro urbano veinticuatro horas y otro no, mas que ha visto de qué manera en su unidad rural se reducía la plantilla a la mitad para alimentar de personal las reaperturas en la villa de Madrid capital y la periferia. A una doctora la situación le provocó un enorme ‘shock’ y se cogió la baja y otro de ellos, enfermero, ni un día ha estado acompañado de un médico.

María Cuesta. Doctora trasladada a las emergencias de Las Águilas


María Cuesta, doctora trasladada a las emergencias extrahospitalarias de Las Águilas. FOTOGRAFÍA CEDIDA POR MARÍA CUESTA


Como al resto de sanitarios de los nuevos centros de atención continuada, María Cuesta recibió un correo de madrugada, en la noche del veintiseis de octubre, donde le comunicaron su nuevo destino: Las Águilas (distrito de la capital española), a setenta quilómetros del servicio de atención rural de La Cabrera (ayuntamiento en la sierra), donde ha trabajado en los últimos catorce años. «Me transformé en médico urbana y he pasado de diez a sesenta pacientes», narra.

Cuesta escogió la medicina rural «por vocación» y de un día para otro ha pasado a atender a pacientes que no conoce, con nuevos compañeros y un material sin las revisiones precisas. Además de esto, debido a que no se efectuaron las contrataciones suficientes para reabrir ochenta centros cerrados en la pandemia, muchas veces no ha coincidido el equipo mínimo de médico, enfermero y celador. Por esta razón, Cuesta demanda que han trabajado en un entorno de «peligrosidad».

María Chamón. Ha renunciado a su plaza en emergencias tras entrar en ‘shock’


María Chamón, doctora que está de baja desde el momento en que le comunicaron su traslado a las emergencias extrahospitalarias de Leganés. FOTOGRAFÍA CEDIDA POR MARÍA CHAMÓN


María entró en «shock» cuando supo, de la noche a la mañana, que era trasladada de forma forzosa del centro de atención rural de Cadalso de Los Vidrios (al oeste de la Comunidad) al de La Fortuna (en Leganés). Le entró una «crisis de ansiedad» y no se incorporó, su médico le dio la baja laboral. Desde ese momento ha estado «buscando opciones alternativas en otras comunidades» que le garantizasen que podía conciliar y prestar una «atención sanitaria conveniente», conforme explica. Por último, ha renunciado a su plaza de interna en emergencias y ha encontrado un trabajo en condiciones en Toledo.

María asimismo era médico rural por vocación, pues en ambientes menos poblados «sientes que aportas mucho y tienes más tiempo para atender a los pacientes». No obstante, no se sentía «segura» ejercitando en las emergencias extrahospitalarias urbanas por el hecho de que «un hospital marcha con un equipo unido, con profesionales asentados» y no con cambios incesantes de personal o el material sanitario «sin desinficionar» o «sin revisar». Asimismo estima que el plan regional ha supuesto un «riesgo para la seguridad del paciente y de los profesionales sanitarios».

Alfredo Rizo. Enfermero en un centro sin médico


Alfredo Rizo, enfermero en un centro sin médico, en la manifestación en favor de la sanidad pública. CEDIDA POR ALFREDO RIZO


Alfredo Rizo ha sido asignado al hospital Ángela Uriarte, en Vallecas, donde desde su reapertura no ha habido ningún médico. A veces, son dos enfermeros, a veces está solo, así como un celador y un vigilante. Por este motivo, las guardas han sido «angustiosas» y en «tensión absoluta» frente a la posibilidad de que lleguen pacientes con una enorme emergencia a los que no poder asistir. «Dos enfermeros no es igual a un médico«, repite como un mantra Alfredo.

«Sollozo de saña, de impotencia, ni en lo peor de la pandemia me he sentido así de maltratado por la Consejería, que no está sometiendo a una presión infinita», narra. Es tal la situación que Alfredo está tomando tranquilizantes y ha pedido cita en el área de salud mental. «Siento un agobio y una sofocación al máximo«, se desahoga.

Pilar San José. Enfermera en un centro que ha reducido su plantilla a la mitad


Pilar San José trabaja en un centro sanitario rural en el que la plantilla ha sido reducida a la mitad. CEDIDA POR PILAR SAN JOSÉ


Pilar trabaja desde hace dieciseis años en el ambulatorio de Campo Real (al sudeste de la Comunidad), donde como en otras unidades rurales se ha reducido la plantilla a la mitad, situación que de forma previsible cambiará en los próximos días tras el pacto alcanzado con el comité de huelga. Mas por el momento, desde finales de octubre este centro no ha podido abrir el setenta por ciento de los fines de semana por carencia de personal. «Hay días que no aparece absolutamente nadie o solo un celador», narra Pilar, que pone un par de ejemplos para explicar de qué manera esta situación ha perjudicado a los pacientes.

Por una parte, a personas con heridas graves que han empeorando puesto que los fines de semana no han sido curados. O un enfermo cardiovascular que ha acudido en más ocasiones y han logrado estabilizarle mas que la última vez, como el centro estaba cerrado, al llegar al centro de salud han debido ingresarle en la UCI. Por eso Pilar explica que la población de las áreas rurales ha vivido con «preocupación» e «indefensión» que hayan reducido las plantillas de sus centros para reabrir las emergencias ambulatorias en la capital.

Lamenta además de esto la presión que está ejercitando la administración regional, que les llama «dos o 3 veces al día» para saber si van a asistir a trabajar, en un panorama en el que no pueden «ni sacar entradas ni planear un viaje» por el hecho de que les han sobre aviso de que los turnos y guardas son «temporales».

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