«En funcin de lo que hagamos entre los 0 y los doce, la adolescencia de nuestros hijos será, ms o bien menos, difcil»

"En funcin de lo que hagamos entre los 0 y los doce, la adolescencia de nuestros hijos será, ms o bien menos, difcil"

Tal vez la labor más bastante difícil que tenemos las madres y progenitores por delante es la de lograr que nuestros hijos lleguen a ser la mejor versión de sí. Mas, ¿de qué forma se logra esto? Para el maestro y cofundador del proyecto aprendeaeducar.org Francisco Castaño la clave se encuentra en las reglas, los límites y el cariño. Los detalles nos los da en su último libro: ‘La mejor versión de tu hijo’, editado por Plataforma Actual.

– Francisco, el título de tu libro ya lo deja claro, que nuestro hijo sea la mejor versión de sí, en una gran parte, depende de nosotros, los progenitores… ¿Estamos capacitados para una labor de semejantes dimensiones?
Sí, como es natural. El tema es que nos debemos formar. Ya antes enseñar era más simple, por el hecho de que vivíamos en una sociedad más fácil, los valores estaban tácitos en el entorno… Y, además de esto, había muchas menos cosas que enseñar. Ahora, con las redes sociales, Internet, la T.V…. existen muchos inputs. Y hay que formarse. Se hacen muchos cursos de capacitación para muchas cosas (trabajo, aficiones…) mas para la tarea más esencial, la educación de nuestros hijos, no nos formamos tanto.

– Pese a que la sociedad ha alterado, proseguimos reproduciendo muchos de los comportamientos o bien de las técnicas que emplearon nuestros progenitores con nosotros. ¿Debemos reinventarnos?
La sociedad de ahora no guarda relación con la de ya antes. Entonces, no podemos enseñar de igual modo que nos formaron a nosotros. Hay nuevos desafíos, y debemos estar dispuestos para encararlos. T Debemos enseñar en esta sociedad, la que nos ha tocado vivir, no la que vivieron nuestros progenitores, que era completamente diferente.

– ¿El primordial reto como progenitores es enseñar nuestras conductas, más que la de nuestros hijos?
Eso que afirmas tiene sentido, formamos más con lo que hacemos que con lo que afirmamos. Por ende, semeja lógico llegar a esa conclusión. Lo que debemos ser es congruentes. Si no soy puntual no le puedo demandar a mi hijo que lo sea, por el hecho de que pierdo mi autoridad ética. Pretendemos que nuestros hijos hagan cosas que no hacemos. No, esto es un fallo.

– Reglas, límites y cariño afirmas que es la receta mágica en el trato con nuestros hijos…
Los hijos precisan mucho cariño. Más que comida, fíjate. Mas esto no está reñido con poner límites y ser firmes. Yo a mis hijos les doy mucho cariño… mas eso no quita que sepan que deben estar en casa a las once, y que deben recoger la mesa y echar la ropa sucia al cesto… Y ser firmes no es ser déspotas, es, sencillamente poner unos límites y unas reglas.

– Afirmas en el libro que ser comprensivo no es exactamente lo mismo que ser permisivo. La teoría nos la sabemos. No obstante, al ponerla en práctica, acostumbramos a confundir estos 2 conceptos. ¿Estás conforme?
Yo puedo comprender que mi hijo llegue tarde un día. Eso es ser comprensivo. Por poner un ejemplo, mi hijo va tras una chavala, y no le ha hecho caso en todo el curso, mas ese día se pone a charlar con él a las 20’50 y a las veintiuno horas ha de estar en casa. Puesto que es lógico que ese día llegue tarde. Y es tan lógico que lo entiendo, mas no soy permisivo. Mañana deberá venir ya antes a casa, a recobrar el tiempo de más que se tomó el día precedente. Esa es la diferencia entre comprensivo y permisivo. Si le dejo que llegue tarde el día de hoy, mañana no se va a tomar de verdad llegar puntual. No va a vivir las consecuencias de sus actos.

– ¿Qué es lo más bastante difícil de enseñar?
Lo tengo clarísimo: dejar a un lado las emociones. Por poner un ejemplo, si a tu hijo le chifla jugar con el móvil, cuando se lo quites, se pondrá a plañir o bien se marcha a enojar. Bien, el que no debes enojarte eres . Tú bien sabes que eso pasará. O bien, por poner un ejemplo, si tu hijo no es muy ordenado, sabes que la habitación no la tendrá muy recogida, milagros a Lourdes, mas no me puedo enojar. Lo que debo buscar es una estrategia para lograr que ordene. Y acá entran en juego las consecuencias. Por servirnos de un ejemplo, mi hijo sabe que ropa que deja fuera del cesto de la ropa sucia, ropa que queda quince días decomisada. Claro, cuando la que se queda decomisada es su camiseta preferida… recuerda la próxima vez y aprende a meter la ropa en el cesto. Yo no me enfado con él por el hecho de que deje la ropa fuera del cesto, lo comprendo, es desorganizado, mas sí busco una estrategia a fin de que aprenda.

– Tocas en el libro el tema de las esperanzas… y resumes este capítulo con una frase: «hay que instruir al hijo que tenemos, no al que nos agradaría tener».
Claro. Cuando era pequeño, las esperanzas eran que todos fuésemos a la universidad, por el hecho de que nuestros progenitores no habían podido ir. Con los hijos hay que tener ilusiones, no esperanzas. Si te produces esperanzas estás perdido. Pues como tu hijo no las cumpla, te frustras y a tu hijo le bajas la autoestima. Y la ilusión si es esencial, hay que tener ilusión por acompañar a tu hijo en la busca de su mejor versión. Y si a tu hijo le agrada ser carpintero, tu papel es asistirle a que sea el mejor carpintero del planeta.

– ¿Cuál es, conforme tu opinión, el primordial fallo que cometemos madres y progenitores hoy día?
Afirma el Doctor Daniel López Rosetti, jefe del servicio de Medicina del agobio del Centro de salud San Isidro, de la ciudad de Buenos Aires, el que tiene una investigación sobre la dicha, que «una persona es feliz cuando tiene calidad de vida», que no es exactamente lo mismo que nivel de vida. Nivel de vida es tener un Ferrari en la puerta y 3 millones de euros en la cuenta del banco. Calidad de vida es cuando la diferencia entre lo que tienes y lo que quieres es pequeña. ¿Qué hacemos los progenitores para hacer felices a nuestros hijos? Aumentamos lo que tienen para llegar a lo que desean, incluso cuando lo que les damos se escapa completamente a nuestras posibilidades. Y no solo hablo de lo material, asimismo me refiero a dejar que lleguen tarde todos y cada uno de los días, etcétera El inconveniente es que cuando más aumentamos lo que tienen, más aumentan sus deSeos. El incremento es exponencial. Por lo tanto, jamás son capaces de ser felices. El inconveniente es ese, procuramos su dicha concediéndoles todo y es del revés, debemos hacerles ver que no pueden tener todo cuanto desean, lo que les hará sentir mejor emotivamente. Debemos aprender a decir NO a nuestros hijos. Esto no les hará infelices, todo lo opuesto.

– La adolescencia es la etapa de nuestros hijos que peor prensa tiene… ¿Por qué razón nos da tanto temor? ¿Es tan grave como la pintan?
Debemos tener claro que en la adolescencia nuestros hijos son un bote de hormonas en ebullición, comienzan a tener juicio crítico y, por consiguiente, comienzan a posicionarse y a revelarse. Además de esto, lo que afirma su amigo Javier que tiene catorce años de experiencia vital es lo que más vale. Esto debemos tenerlo claro por adelantado. La adolescencia es rebeldía. ¿Te imaginas que tus hijos pudiesen ver ahora en YouTube lo que hacíamos con quince años? Claro, eso te hace meditar. Convendría que nos acordásemos de qué forma éramos nosotros con su edad, mas se nos olvida. ¿Hay que tener, por lo tanto, temor a la adolescencia? No. Depende de cuanto hagas entre los 0 y los doce, la adolescencia de nuestros hijos será, aproximadamente, bastante difícil.

– Comunicarse con nuestros hijos no es interrogarlos, afirmas en el libro, ¿algún otro consejo que estimes esencial para aquellos progenitores que están en esta etapa?
La comunicación hay que estimularla, ¿de qué forma? Hablando de las cosas que a ellos les resultan de interés. Para un adolescente la pertenencia a un conjunto es básica. Si en su conjunto escuchan música trap, asimismo la escuchará. Puesto que deberás oir trap con tu hijo, ver sus canales de YouTube… sin juzgarles. El inconveniente es que los progenitores solo deseamos charlar con nuestros hijos de las notas, de los estudios, o bien de las reglas que les ponemos. Entonces, mi consejo es: habla con tus hijos de las cosas que les resultan de interés a ellos y estate dispuesto para oir cosas que no te agradan. No reacciones mal, traga saliva, por el hecho de que si no entonces no te contará nada.

– Adolescentes, colas en discos sin mascarillas, ¿es el colectivo al que más le cuesta cumplir las reglas? ¿O bien se le carga con el fallecido?
Lo primero, no demonicemos a los adolescentes. Yo voy a la calle y hay adolescentes que no llevan mascarilla, mas asimismo adultos. Además de esto, es esencial que nos pongamos en su sitio. Ellos son rebeldía, no podemos pretender que cumplan las reglas sin chistar. Tampoco podemos caer en la imposición: «si no te pones la mascarilla no sales de casa». Pues saldrá por la puerta y se la va a eliminar. Entonces hay que comprender su falta de conciencia de peligro. Lo único que podemos hacer como progenitores es cumplir todas y cada una de las medidas, a fin de que nos vean hacerlo y explicarles la relevancia del tema, a fin de que sepan lo que es adecuado. Mas, sobre todo, comprender. Pues, ¿quién no se ha puesto bajo riesgo cuando era adolescente? Todos. Y un adolescente que lleva tres meses sin ver a su novia, ¿quién le afirma que sostenga ahora la distancia de 2 metros?

– ¿Ha sido el colectivo que peor lo ha pasado a lo largo del confinamiento? Por esa necesidad de vida social que tienen, de estar en contacto con su conjunto de iguales…
Yo no afirmaría que haya habido un colectivo que lo ha pasado peor que otro. Mal lo han pasado ciertas personas, ciertos adultos, ciertos pequeños, ciertos adolescentes… mas no un colectivo específico. ¿Los adolescentes lo han pasado mal? Va a haber quiénes sí, mas existen muchos que no, que han estado tan a gusto.

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