Feminismo | Loola Prez, impura, maldita y feminista

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Afirma la Real Academia Española que el feminismo es el «principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre». Mas para comprender esta corriente transformadora en incesante evolucin hace falta mucho ms. ‘Maldita feminista’ no solamente la pone en contexto, sino lo reconsidera todo.

El macho es por naturaleza superior y la hembra, inferior, uno rige y la otra es gobernada; este principio de necesidad se extiende a toda la humanidad, Aristóteles (‘Política’, siglo IV a. de C.).

La subordinación de la mujer al dominio del hombre durante la historia es un hecho indiscutible. Hubo que aguardar al siglo XIX a fin de que las mujeres reclamaran al tiempo más derechos y, por extensión, ser tratadas en igualdad al hombre. En pleno siglo veintiuno, el feminismo es un movimiento irrefrenable que aún lucha por lograr la equiparación total con el sexo opuesto. La ideología de género, predominante en el alegato feminista que domina actualmente, apunta con el dedo inculpador al culpable de la explotación de las mujeres en el mundo: el patriarcado. No obstante, y pese a estar presente en todos y cada uno de los aspectos de la sociedad, no consigue charlar por todas y cada una de las mujeres que se definen como feministas, y mucho menos por todos y cada uno de los hombres. Solo unas pocas se atreven a levantar la voz contra el establishment. Saben que van a ser respondidas, no siempre y en toda circunstancia con piedad. Una de ellas es Loola Pérez, filósofa, escritora y sexóloga, que termina de publicar Maldita feminista. Un nuevo paradigma para la igualdad de sexos (Seix Barral).

«Se puede ser feminista y tener otras ideas alternativas», asegura Loola, quien reconoce que no era tan disidente cuando era más joven –aunque solo tiene veintinueve años–. Como todos, «antes era más pasional», mas su capacitación en Filosofía le asistió a desarrollar sus ideas. «El espíritu crítico te hace desviarte de la regla, ir alén del posicionamiento hegemónico y doctrinario y, como consecuencia, te transforma en la oveja negra, mas una oveja negra feliz», asevera mientras que se encoge de hombros, habituada a las críticas que recibe en redes sociales, que usa continuamente para abrir debates sobre el feminismo.

«Habrá quien me ubique entre grises. Ahí me siento más cómoda, impura, maldita», se reafirma misma en la introducción de su libro. Y es que ser una «maldita feminista» es, conforme explica, estar conforme con el planteamiento general y original de la igualdad de sexos, mas discrepando de la corriente actual. Es a la perfección posible, sobre todo teniendo presente que no todas y cada una de las manifestaciones de este movimiento global son incluyentes. El colectivo trans, por poner un ejemplo, es objeto de críticas por la parte de ciertas mujeres que integran la corriente TERF. No lejísimos de acá (en Gijón), y no hace tanto tiempo (en dos mil diecinueve), la exconsejera de Cultura del Gobierno de Asturias, la filósofa Alicia Miyares, se refería a las mujeres trans como «tíos» en la XVI Escuela Feminista Rosario Acuña: «Digo tíos pues son tíos». La política socialista Ángeles Álvarez, presente en exactamente las mismas jornadas, alertaba: «Cuidado, pueden darse casos en los que haya hombres que se cambien de sexo para entrar en las listas de paridad».

Este «populismo punitivo», como lo llama la autora, «que viene upado por el feminismo hegemónico coincide, paradójicamente, con los movimientos de ultraderecha». Los dos fenómenos coinciden en solicitar penas más altas para violadores, como la cárcel permanente revisable. «No sé si es la mejor opción», asegura Loola, quien cree en la reinserción y en la necesidad de trabajar con los propios atacantes sexuales a fin de que puedan regresar a ser parte, cualquier día, de la sociedad. Este planteamiento cobra singular relevancia teniendo presente que misma fue víctima de una violación. «Sinceramente, el abuso sexual no ha sido lo peor que me ha podido pasar». La participación del movimiento feminista en lo que considera un «circo mediático» es otra de las causas por las que se ha alejado de la corriente dominante. «Nadie se puede apropiar de mi dolor, de aquella historia. A mí el feminismo me ha ayudado exactamente a lo opuesto, a ser dueña de mi vida», asegura, al paso que pone como un ejemplo ciertos casos como el de Juana Rivas y Laura Luelmo, que explica en el libro.

Loola Pérez no cree en el patriarcado. FOTO: Israel Sánchez.

En el fondo, el inconveniente que Loola Pérez halla en el feminismo de género es su lucha contra el patriarcado, un término en el que no cree. «Nunca le he visto la cara» (ríe). Es una teoría antropológica que supone que «todos los hombres dominan, cuando no es cierto, y está plenamente desfasada, por lo menos en Occidente». Lo adecuado, defiende, sería «hablar de los abusos que ciertos hombres conservan sobre las mujeres». Para ella es indiscutible que hay avances en la igualdad de sexos, triunfos que se han ido alcanzando, con lo que habría que dejar de «victimizar» a la mujer.

Un movimiento politizado

Sería torpe meditar que todas y cada una de las críticas contra ciertas autoproclamadas feministas proceden del sexismo. Carmen Pelado, vicepresidenta del Gobierno, acapara de manera frecuente titulares por sus intentos de llevar el feminismo a la política. Son ya 2 las veces que ha pedido a la Real Academia Española, en vano, que incluya un lenguaje «inclusivo» en la Constitución. Para Loola, tras estas acciones hay una «cortina de humo» que tapa los que habrían de ser los auténticos caballos de batalla del feminismo: derechos laborales para las trabajadoras sexuales, reducir el paro femenino, educación pública en igualdad y reconocer las enfermedades laborales que padecen las ‘kellys’ son un caso. No obstante, la escritora lamenta que la vicepresidenta se enrede con el lenguaje, «que debe ser práctico», y critica que crea «que está sobre la Real Academia Española cuando no es lingüista ni filóloga».

De una manera o bien otra, la política ha llevado el feminismo a cotas de poder impensables hace décadas. Sin embargo, esa politización es la autora, conforme Loola, de que el movimiento esté dividido. «Se le ha pegado la tendencia a la fragmentación, tan propia de la izquierda en este país, por ejemplo». En la Zona de Murcia, el Movimiento Feminista se fracturó en 2 en dos mil dieciocho, dando sitio a la Reunión Feminista. Últimamente ha nacido Murcia Feminista Combativa. «Si transformamos el feminismo en algo doctrinario, al final, asfixia», comenta. A su modo de ver, esto pasa pues tras la «intromisión» de figuras políticas con repercusión, «se dejan de acordar las ideas y se tiende a la imposición».

El feminismo podría entrar en crisis si no soluciona estos inconvenientes. Loola apuesta por una vuelta al conocimiento y a la filosofía. «Pido a las mujeres que sean independientes, responsables de sus actos y piensen por sí mismas». Y para esto, «hay que perder el temor a tener mala reputación». De esta manera es una maldita feminista.

Feminismo, un movimiento con multitud de corrientes

Feminismo de la igualdad

  • Liberal: Corriente más primigenia (finales del XIX). Define la situación de las mujeres como una desigualdad, evita los términos ‘opresión’ y ‘explotación’. Entre sus contribuciones históricas se halla el derecho al voto femenino o bien la reivindicación de su derecho a la educación. Centró sus energías en las reformas de tipo legal, mas no dio contestación a las discriminaciones relacionadas por la raza, la clase y la sexualidad.
  • Prosex: Brota a inicios de los ochenta en defensa de la libertad sexual de las mujeres y las minorías sexuales, en favor de la libertad de expresión y contra la censura y la prosecución de la pornografía que planteaba la corriente feminista cultural y radical. Relacionado con colectivos en defensa de las trabajadoras sexuales, esta corriente se fragmentó en distintas perspectivas y resulta bastante difícil de igualar.
  • Disidente: Es una reacción interna y supone una distancia crítica con el alegato feminista establecido. Se manifiesta contra la idea de que vivimos en patriarcado, duda sobre la existencia de una supuesta cultura de la violación o bien renuncia a la creencia de que las diferencias entre hombres y mujeres son completamente sociales o bien performativas. Se resiste a la corrección política y se sostiene al lado del pensamiento único.

Feminismo de género

  • Radical: Brota en los movimientos sociales de los años sesenta, sus influencias teóricas proceden sobre todo del materialismo dialéctico, el pensamiento marxista, el psicoanálisis y el anticolonialismo. Pretendió ser una opción alternativa a las situaciones feministas liberales y contestaron que las mujeres formaban un sexo-clase, señalando que la explotación de la mujer estaba sostenida en una subordinación ahistórica: el patriarcado.
  • Cultural: Evolución del feminismo radical. De la concepción constructivista de género se pasa a una visión dualista y esencialista del hombre y la mujer. Hay principios femeninos y masculinos, cada uno de ellos con diferentes valores. Con el propósito de crear una cultura femenina opción alternativa al patriarcado, trataron de exorcizar cualquier atisbo de masculinidad de sus vidas. La sexualidad debe probar las convicciones políticas.
  • TERF: En castellano, las iniciales responden a Feminista Radical Trans Excluyente. Rechazan a las mujeres transexuales por el hecho de que alteran la dicotomía hombre/mujer y cuestionan el determinismo biológico. Acusan a las transexuales de ser hombres que se reapropian del cuerpo y las experiencias de las «verdaderas» mujeres. Las trans son un riesgo para el feminismo pues aparentemente suponen un peligro de violación.
  • De la diferencia: Hay múltiples manifestaciones. En la francesa, se una parte de la concepción de la mujer como otredad y establece la busca de una identidad a través del psicoanálisis. La italiana plantea asimismo la busca de la identidad femenina. La estadounidense apunta a que las mujeres prefieren el vínculo con el resto y el pacto pacífico, al tiempo que los hombres privilegian los derechos y la justicia.
  • Ecofeminismo: Se remonta a los años sesenta y brota en reacción a la economía capitalista, al considerarla responsable de la crisis ecológica y de los cuidados. Defiende la sintonía de las mujeres con la naturaleza, las luchas irenistas y el mantenimiento de la vida. Piensan que la subordinación de las mujeres y la explotación de la naturaleza responden a un oponente común: la dominación patriarcal. Critica el militarismo y la ciencia.
  • Queer: Sus reivindicaciones aparecen en los ochenta, ligadas al impacto del VIH/sida y próximas al movimiento LGTBI. Responde a una revisión crítica del sujeto del feminismo y al cuestionamiento de las identidades fijas. Rompe con el binarismo de género y la presunción de heterosexualidad. Amplifica las tradicionales demandas feministas, reclamando no solamente la igualdad de los sexos, sino más bien asimismo de los cuerpos.
  • Poscolonial: Sus reflexiones parten de la crítica a las primordiales tradiciones feministas (de la igualdad y de género), centradas en los inconvenientes de las mujeres de los países desarrollados. Defienden la denominación del patriarcado transcultural y también incorporan un nuevo esquema ideal basado en la tríada género, raza y clase. Su objetivo es comprender de qué manera el género se relaciona con otros sistemas de opresión y exclusión.

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