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Que la llegada del SARS-CoV-dos sorprendió a casi la totalidad de países del planeta sin haber tomado ningún género de medida para encarar al nuevo virus es una realidad sabida.

Es verdad que desde hace un año las autoridades sanitarias mundiales han empleado diferentes sistemas de vigilancia de los contagios, incluyendo los análisis de las aguas residuales, para intentar adelantar las medidas de prevención y eludir una alta transmisión del virus.

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A la vista de lo que ha pasado y de la tercera ola en la que estamos inmersos semeja que o bien la vigilancia no es suficiente, o bien las autoridades se retardan demasiado en su puesta en marcha.
En todo caso, estudiosos de medio planeta prosiguen afanados en administrar estrategias para intentar atajar los contagios antes que la situación se desborde.

En un caso así, un conjunto de estudiosos italianos ha efectuado una investigación sobre la capacidad de predicción que sobre el avance de la enfermedad tienen las redes sociales, y las posibilidades que ofrecen para alertar.

El estudio, publicado en la gaceta Nature, ha consistido en examinar los datos de la red social Twitter en múltiples países europeos desde el 1 de diciembre de dos mil diecinueve al 1 marzo de dos mil veinte. O sea, incluyendo semanas anteriores a la declaración de los primeros casos en China.

La primera cosa que se hizo fue controlar todos y cada uno de los tweets que incluyesen la palabra “neumonía” y crear “una base de datos única que incluye todos y cada uno de los mensajes que poseen la palabra clave «neumonía» en los 7 idiomas más hablados de la UE (o sea, inglés, alemán, francés, italiano, de España, polaco y holandés)”.

Como al comienzo de la pandemia la neumonía era el síntoma más grave y la primordial señal de alarma, se ajustó la base de datos de menciones para suprimir “los efectos sobre la actividad de publicación de noticias relacionadas con COVID-diecinueve que aparecieron con posterioridad al veintiuno de enero de dos mil veinte, cuando la infección se transformó en una enfermedad de declaración obligatoria”.

En el estudio asimismo se tuvo presente que a lo largo de los meses analizados la gripe está en plena temporada, si bien su impacto fue reducido el año pasado.

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Una vez efectuados los ajustes y analizados los datos, y equiparados con los de periodos iguales en años precedentes, los estudiosos italianos muestran que “se habían planteado niveles inopinados de preocupación sobre la neumonía a lo largo de múltiples semanas ya antes de que se anunciasen oficialmente los primeros casos de infección”.

Un buen ejemplo de la capacidad de alarma temprana de las redes sociales la hallamos en Italia donde, conforme el artículo de Nature, las menciones a la “neumonía” se multiplicaron a inicios de dos mil veinte, si bien las autoridades sanitarias no establecieron las primeras medidas de contención del virus hasta el veintidos de febrero.

Además de esto, las zonas geográficas de donde parten estos tweets coinciden con las que más tarde resultaron ser “el medio de proliferación de las infecciones”.

En verdad, los autores del estudio asimismo reconocieron la procedencia de trece y ochenta y ocho usuarios de los tweets que contenían la palabra neumonía, “e identificamos las zonas europeas que se caracterizaron por incrementos anormales y también inopinados en las menciones de Twitter relacionadas con la neumonía a lo largo de las primeras fases no detectadas del brote de COVID-19”.

La zona italiana de Lombardía, la villa de Madrid, la zona de la ciudad de París, y también Inglaterra, eran los lugares de procedencia de la mayor parte de los usuarios que comentaban casos de neumonía, antes que se anunciase oficialmente la entrada del coronavirus en esos países.

Con el objetivo de confirmar la valía de los datos logrados, los estudiosos agregaron otro término que se ha probado como clave sintomática de los inficionados por el SARS-CoV-dos, “tos seca”.

De igual manera que se hizo con la palabra neumonía se realizó una base de datos que una vez refinada y analizada, lanzaron “hallazgos que coinciden con la distribución geográfica de los usuarios que notificaron sobre neumonía en exactamente el mismo período”.

La conclusión puesto que es clara, “las publicaciones relacionadas con síntomas relacionados con COVID-diecinueve antecedieron a los anuncios públicos oficiales sobre brotes locales y se concentraron espacialmente en las áreas que más tarde se transformarían en puntos clave de infección”, explica el estudio.

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Y es que el coronavirus ya circulaba extensamente por Europa antes que ningún país del continente hubiese identificado el virus entre su población.

Por esta razón, los autores resaltan las grandes posibilidades que ofrece la monitorización de las redes sociales a gobiernos y autoridades sanitarias, para conocer en tiempo real la geolocalización de la evolución de la pandemia y, de esta forma, “diseñar políticas de intervención eficaces durante todo el ciclo epidemiológico”.

Es más, el estudio plantea que, con el rastreo de las redes, se podrían advertir las cadenas de contagio desde sus comienzos antes que la transmisión avance y empiece el goteo de fallecimientos.

Asimismo haría posible limitar la aparición de nuevas olas de contagios extrayendo de las redes sociales datos para realizar mapas de densidad “espacio-temporales” de las amenazas de infección y de esta manera determinar si las limitaciones aplicadas para eludir contagios pueden ser relajadas o bien no.

Pese a los beneficios que apuntan los estudiosos, asimismo reconocen las restricciones de este sistema, en tanto que solo podría ser aplicable a enfermedades ya conocidas, en las que es posible aislar términos de su sintomatología para el estudio.

Mas todavía con restricciones, los estudiosos italianos están persuadidos de esta fórmula de controlar redes sociales dejaría advertir de manera rápida las señales de alarma de infecciones que reaparecen y asistir a prevenir futuras olas pandémicas, sobre todo en casos de “virus que todavía no se han erradicado y prosiguen persistiendo en una población”.

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