13.4 C
Madrid
jueves 24 noviembre 2022
Inicio España Las últimas horas de Albert Solá, el presunto hijo ilícito del rey...

Las últimas horas de Albert Solá, el presunto hijo ilícito del rey emérito: ¿qué sucedió con la cámara que no grabó su muerte?

El día de su muerte, el Monarca (que era como conocían de manera coloquial en La Bisbal de l’Empordá a Albert Solà, que se afirmaba hijo no reconocido del rey retirado Juan Carlos I) se halló con un viejo amigo por las calles del pueblo. Se fueron juntos a tomar algo al bar Absenta. Como lo hallaron cerrado, se dirigieron a otro local próximo llamado Pa i Trago.

“El Monarca solicitó un vino blanco y una coca-cola en la barra y entonces volvió a la mesa. Ahí fue cuando comenzó a perder el equilibrio. Se procuró sentar, mas le comenzaron a tremer las piernas. No se logró mantener y se cayó en el suelo. Lo procuramos reanimar y después la ambulancia, que llegó pronto, mas fue imposible”.

Se lo cuenta a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, del conjunto Prensa Ibérica, (a través de su cuñada) Rafa. Es la persona que estuvo al lado de Albert Solà, supuesto hijo ilícito del rey retirado, en los últimos momentos de su vida. Un fallecimiento repentino que ha dejado en shock al ayuntamiento gerundense en el que radicó a lo largo de los últimos veinte años. Más aún por las enigmáticas circunstancias que lo han envuelto. El hecho de que fuera a emitirse de forma inminente una polémica entrevista suya en Telecinco y un supuesto corte en unas cámaras de vigilancia del bar en el instante de su muerte, han provocado todo género de especulaciones y teorías conspirativas.

Este diario se ha apartado, para procurar despejar incógnitas, al pueblo donde el llamado Monarca radicó desde el momento en que llegó de México a inicios de siglo. En La Bisbal trabajó siempre y en todo momento como camarero. Hemos trazado la senda de los 3 bares que marcaron su vida y muerte en La Bisbal: el primero, un establecimiento en el que trabajó once años. El segundo, un restaurant en el que estaba empleado hoy día. Y el tercero, el sitio en el que perdió la vida el hombre que defendió hasta el final ser el hijo ilícito de Juan Carlos de Borbón.

Bocadillo y Bacardí

“Nadie le llamaba Albert. Todo el planeta Monarca, esto. Monarca, lo otro”, desde siempre y en todo momento. Era un personaje muy querido por todo el pueblo”, confiesa Ioani, una camarera rumana que trabajó con él a lo largo de diez años y que es cuñada del hombre que estuvo con Solá en sus últimos momentos de vida. “Camarera y amiga”, apostilla. “Aún no me he podido recobrar. Estuve en el funeral y lloré mucho, pues estábamos unidísimos. Lo vi unos días ya antes de su muerte y me dio un abrazo. Mas lo aprecié cansado”.

Ioani ahora dirige un bar en el pueblo, mas a lo largo de más de una década fue su compañera. Los dos trabajaban en el bar de Manel, que fue una de las personas más próximas al Monarca. Manel nos atiende dejando claro que no desea «fotografías, ni nombre del bar, ni mi apellido, ni nada de eso. Jamás he querido hacer propaganda de este tema. Además de esto, he visto el programa de Telecinco que charlan de él y estoy indignado, por el hecho de que se han dicho patrañas. Una cronista afirmó que urdí toda la historia de que Albert era hijo del rey. Y eso es patraña. A él lo contraté en dos mil nueve y ya explicaba esa historia, ya la traía tramada. En verdad, sacó un libro en el que cuenta la verdad y lleva con eso desde mucho ya antes de conocerme», aclara, enseñándonos un ejemplar dedicado por el Monarca.

Manel, amigo íntimo y viejo jefe de Albert, nos enseña un ejemplar del libro que le obsequió DLF


¿De qué manera era Albert Solá en corto?: «Un tío muy atractivo y especial. Muy entretenido. Le afirmaba a la gente que sabía charlar francés y lo único que hacía era ponerle un ‘e’ final a todas y cada una de las palabras. Realmente fue el que levantó el bar, pues bastante gente venía a verlo a él. En el cartel tenemos un bocadillo que lleva por nombre Monarca en su honor. Le agradaba mucho trabajar y no se tomaba ni días de fiesta; la única condición que puso cuando lo fiché fue que le diera días de asueto si debía atender entrevistas por su historia del rey. Asimismo era un festero de cuidado. No tenía un duro por el hecho de que todo se lo reventaba. Nada de drogas, mas whisky y tabaco, el que desees. Para cenar se solicitaba un bocadillo y un cubata de ron Bacardí, pues afirmaba que le recordaba a su temporada de México», apunta Manel.

En el país azteca hizo el Monarca una gran parte de su vida, ostentando aun un cargo en la compañía Acererías Corsa. Allá se casó y tuvo dos hijas. Mas a inicios del siglo veintiuno retornó solo a España, el sitio en el que nació dentro de una familia pobre y el lugar en el que fue adoptado por una familia catalana.

El misterio del DNI

¿Qué contaba Albert sobre su supuesto parentesco con el rey retirado?: «Ya vino de México con esa película. Yo jamás me la terminé de opinar. Mas tampoco la puedo desmentir, por el hecho de que pruebas no tengo. Yo le afirmaba que, fuera verdad o patraña, se olvidara de eso. Que no iba a sacar nada en claro. En ocasiones afirmaba que a él le resguardaba el CNI y tengo una anécdota con eso. Una vez tuvo una enganchada con un tío que vino a pegarle. La cosa no pasó a mayores por el hecho de que me metí yo por medio y logré que el tío se largase. Entonces me viré cara Albert y le afirmé que a ver dónde se habían metido sus protectores del CNI, que si no llega a ser por mí lo matan».

Mas sobre todo, Manel le insistía diariamente en que «renovara su documentación, pues iba a tener inconvenientes». Pues esa era una de las incógnitas que siempre y en todo momento rodeó al Monarca: tenía sus documentos caducados y jamás dio una explicación plausible. «Por eso se fue de mi bar: cuando llegó la pandemia, precisaba que se vacunara. El inconveniente era que no tenía la tarjeta de salud. Sin DNI no se la hacían. Yo le preguntaba y me iba poniendo disculpas. Hasta el momento en que fui personalmente al ambulatorio a consultar qué pasaba con la tarjeta y me probaron que jamás fue a pedirla. Le solicité explicaciones a Albert y me afirmó que dejaba el trabajo», sigue Manel, que tampoco comprende la resolución.

Pa i Trago, el bar de La Bisbal de l’Empordá donde murió Albert Solá. DLF


«A lo largo de su estancia acá debí hacer muchos malabares para asistirle. Aun poner su alquiler a mi nombre, pues repito que estaba indocumentado. No le daban papeles de ningún género. No viajaba a ningún lugar pues precisaba DNI. Ya te digo, que prefirió dejar un trabajo de más de diez años ya antes que renovarse el carné. ¿El motivo? NI idea. Para mí, Albert fue como un hijo si bien fuera mayor que . Procuré que pusiese su vida en orden, mas no lo logré. Tras irse ya nos vimos menos. Se fue a trabajar a otro restaurant y le perdí un tanto la pista».

Los últimos días

¿De qué forma fueron sus últimos días?: tras dejar el bar de Manel, se fue como camarero a Can Casadellá, un restorán de banquetes a unos siete quilómetros del pueblo. Su dueño, Eduard Casadellá, asimismo lamenta su muerte por el hecho de que «llevaba prácticamente un par de años trabajando acá y ya era como de la familia. Con frecuencia se traía la maleta y se quedaba a dormir acá, pues nuestro restaurant asimismo es casa rural y tenemos habitaciones. Le agradaba quedarse acá, pues no tenía vehículo ni documentación para llevarlo, y vivía solo en un piso de La Bisbal».

En los últimos tiempos, Albert se disfrazaba en Can Casadellá, se sentaba en un trono e interpretaba el papel de rey para grabar vídeos para redes o para los comensales. Algo que ciertos vecinos de La Bisbal criticaban por semejarles absurdo. Eduard se defiende explicando que «no había nada degradante en eso, por el hecho de que asimismo me disfrazaba y hacíamos espectáculos para reírnos y pasárnoslo bien. A él absolutamente nadie le forzaba, lo hacía por el hecho de que le divertía tanto como a mí».

Eduard cuenta que procuró llevarse a Albert de viaje a Menorca últimamente. Mas que por último no pudo contar con él por exactamente el mismo inconveniente de siempre: carecía de documentación para tomar un aeroplano a parte alguna. Sin embargo, no parecía afectarle ese inconveniente. Y absolutamente nadie en aquel restorán, a lo largo de sus últimos días de vida, apreció ningún comportamiento extraño. “El ocho de octubre estuvo acá hasta las ocho de la tarde más o menos: lo dejó todo preparado, por el hecho de que era un hombre trabajadorcísimo, y se fue con un amigo a tomar algo. Esa fue la última vez que lo vimos con vida. Entonces me llamaron por teléfono desde el pueblo para decirme lo que había pasado y no me lo creí”, concluye Eduard.

Una imagen de La Bisbal de l’Empordá, el pueblo en el que radicaba el conocido como Monarca. DLF


La cámara del bar

Lo que había pasado era que el Monarca y su amigo entraron al bar Pa i Trago sobre las veinte horas del ocho de octubre. Y ni un minuto después, el primero caía fulminado al suelo, víctima de un ataque al corazón. El dueño de ese bar tiene por nombre Andreu Plaja y cuenta a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA que no estuvo ese día en el establecimiento “porque estoy de baja, mas estaba mi pareja y su hija, que estaban atendiendo». «Me contaron que lo procuraron reanimar y que la ambulancia tardó ocho minutos en llegar, mas que no pudieron hacer nada”, aprecia.

Ese bar es el objeto de la enorme polémica de este caso: tanto Telecinco como ciertos medios escritos catalanes explicaron que el metraje de la cámara de vigilancia del establecimiento estaba cortado justo en el momento en el que cae al suelo Alfons. El dueño lo desmiente: «No hay cámara de videovigilancia en mi bar. No estamos conectados con ninguna empresa de alarmas ni nada de eso. Hay una webcam que puse yo por mi cuenta, por si alguna vez me hurtaban. Mas es una cámara pequeña, nuestra. Y no coge todo el bar».

Andreu cuenta que «la vamos moviendo de cuando en cuando. O graba la zona de la puerta, o coge una zona específica del bar. Mas exactamente el Monarca y su amigo estaban sentados en la única mesa a la que la máquina no llega, que se encuentra entre las máquinas tragaperras y los biombos. Lo que sucede es que vinieron los de Telecinco y les dejé la tarjeta de memoria. Al ver la grabación se percataron de que no tenían las imágenes que procuraban, por el hecho de que la cámara no graba esa zona. Entonces contaron esa versión. Mas es patraña. No existe ninguna manipulación ni nada semejante. Igual no da tanto morbo como lo que contaron, mas es la verdad».

Falsa conspiración

NI Andreu, ni Manel (viejo jefe del Monarca), ni Eduard (su actual empleador), ni el resto de personas con las que hemos hablado en La Bisbal, piensan que haya solamente allí «de una muerte natural. Lo que afirmó la necropsia y lo que hemos podido descubrir nosotros por nuestra cuenta. Todo cuanto cuenten de más es morbo para las teles», señala Eduard Casadellá.

Ioani, la amiga rumana de Albert, mantiene exactamente la misma teoría: «Era una persona que no cuidaba mucho su salud; no iba al médico pues no tenía documentación. Tenía una edad (sesenta y seis años), fumaba… Yo lo aprecié bastante fatigado en los últimos días. Hasta le pregunté qué le pasaba por el hecho de que lo aprecié caminando extraño. Mas me dio un abrazo, me afirmó alguna tontería y proseguimos hablando de otra cosa».

Un amigo de Albert nos enseña la dedicatoria que le escribió en el libro. DLF


Sobre el estado de nervios que apuntaban en múltiples medios que tenía días ya antes de fallecer, todo el ambiente de Solá es coincidente: «Estaba inquieto, mas bien. Inquieto por la entrevista de Telecinco. A él le agradaba salir en la tele por este tema suyo y por eso estaba como conmovido. Mas no inquieto de temor. La tarde que murió, estuvo tomando en una churrería una cerveza con mi cuñado, ya antes de irse al bar. Y estaban los dos contentísimos», concluye Ioani.

Prácticamente absolutamente nadie en el pueblo se cree lo de la conspiración. Pues Albert ya ha dado muchas entrevistas para que la de Telecinco le diera a absolutamente nadie motivos para liquidarlo. Y por el hecho de que el misterio de las supuestas cámaras de videovigilancia ya está resuelto: «Yo creo que se han subido a esa teoría por un lado Telecinco, por el morbo y por el hecho de que la entrevista se la dio a ellos. Y por la otra, los medios independentistas que han visto una ocasión para agredir a la monarquía», concluye su amigo Manel. Mas los que conocen al Monarca saben que, con su vida desorganizada e indocumentada, su afición por la celebración y su inexistente control médico, el fatal resultado del Monarca llegaría más pronto que tarde.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor introduce tu comentario.
Por favor introduce tu nombre aquí.