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jueves 24 noviembre 2022
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Los jóvenes de la generación de cristal son más bien de plastilina: el sesenta y cinco por ciento ha aprendido a vivir con inseguridad

El término ‘Generación de Cristal‘ fue acuñado por la filósofa Montserrat Nebrera para describir la debilidad sensible que, a su modo de ver, tenían los adolescentes y jóvenes. Ahora, muchos de ellos están resignificando esta etiqueta. Si ser de cristal implica mostrarse intolerantes o rehusar comentarios a las minorías, o negarse a admitir puestos de condiciones impropias, entonces sí lo son.

La Fundación SM, a través del Observatorio de la Juventud en Iberoamérica, ha querido descubrir de qué manera se sienten los jóvenes de entre quince y veintinueve años dado este término. Para esto, lanzaron una encuesta flash que ha concluido con el estudio ‘Generación de Cristal. Alén de la etiqueta’. Ariana Pérez Coutado, responsable del Observatorio de la Juventud de SM e estudiosa, ha explicado de qué manera esa expresión se ha usado para acotar a una generación protegida en demasía por sus familiares, con poca tolerancia cara la crítica y frustración, y que precisan reconocimiento contante por carencia de autoestima en el momento de tomar resoluciones.

Con esa descripción, es lógico que las personas jóvenes se sientan algo criticadas. Mas «esta etiqueta no tiene una base teorética que podamos examinar de forma más esmerada y precisa. Y exactamente por su imprecisión, está abierto a creencias», ha señalado. Por eso, uno de cada dos jóvenes considera que es un término conveniente para explicar su postura crítica frente a las injusticias del planeta, y por su sensibilidad cara inconvenientes sociales y de salud mental y sensible, al tiempo que dos de cada 3 lo interpretan desde una perspectiva más negativa, como una crítica hacia ellos elaborada desde el planeta adulto. «Que el sesenta y cinco por ciento de ellos se hayan habituado a vivir con la inseguridad -como recoge el estudio- muestra que tienen más bravura que debilidad«, ha protegido asimismo Maite Ortiz, directiva global de la Fundación SM.

La meritocracia prosigue arraigada

Otro punto que esta encuesta ha dejado patente es que la idea de meritocracia prosigue enquistada en la sociedad. Hasta un sesenta y cuatro por ciento de los jóvenes prosigue pensando que esmerarse es una garantía para conseguir sus objetivos en la vida, y un sesenta y uno por ciento estima que la mayor parte de los y las jóvenes deberían esmerarse más, en vez de inculpar a la sociedad por impedirles lograr sus objetivos.

En general, hay un miedo a no cumplir las esperanzas de su familia o amigos. El sentimiento se eleva hasta el sesenta y uno por ciento en el caso de los jóvenes de clase media baja/baja con respecto a la media (cuarenta y nueve por ciento ), que semeja menos preocupada. Begoña González, estudiante de Sicología, explica que «una parte de las esperanzas de los progenitores viene de lo que estiman que es mejor y que va a marchar». «Los jóvenes están frustrados por el hecho de que les piden algo que no está marchando y que no responde al planeta. Eso produce incomprensión y falta de comunicación entre generaciones», arguye.

Ana Hwe, maestra de Música de Educación Secundaria, apunta que sus progenitores se llegaron a opinar eso de la meritocracia; de que si eras la mejor en lo que podías ofrecer te iría bien. «En mi caso, la presión de las esperanzas ha llegado después, cuando he tomado resoluciones académicas y he escogido en qué me quiero especializar. Mas no había trabajo. Entonces viene el interrogante de por qué no te has hecho economista o letrada. Es una presión para la que no estoy preparada por el hecho de que asimismo me pensé que calidad para algo específico. Ahora es cuando tengo esa sensación de que me he equivocado y de que no estoy a la altura de lo que se espera de mí. Ni tan siquiera sé si soy eficiente en mi campo ya que no puedo trabajar de ello», cuenta.

Un instante bastante difícil

«La verdad es que los jóvenes se dan de bruces contra una situación social y económica muy compleja para ellos. España es de los países de la UE con una emancipación más tardía, que ronda los treinta años. Los datos de paro juvenil asimismo están ahí. Con todo, de qué forma no vamos a comprender ese sentimiento de frustración que están mostrando», ha meditado Pérez Coutado.

Una explicación, afirma, es que a los jóvenes le cuesta más proseguir modelos de vida lineales y de progresión ascendiente que tal vez eran más manifiestos en las generaciones precedentes, como la transición a la vida adulta, el paso de los estudios al trabajo o la construcción de un hogar familiar. Conseguir todo eso cada vez es más inaccesible, mas parce que no llegan modelos alternativos. De ahí que la mayor parte (el sesenta y dos por ciento ) piensa que las generaciones precedentes tuvieron más comodidades para prosperar socialmente que ahora.

Sensibles y orgullosos

Explican las responsables de este trabajo que las generaciones más jóvenes son más sensibles cara los inconvenientes sociales y de salud mental mas es que, además de esto, están orgullosas de serlo. Ya no aceptan tanto los rechistes que caricaturizan a las minorías, si bien acá hay una distinción de género: por norma general, los rechazan el sesenta y cuatro por ciento, mas el porcentaje se eleva hasta el setenta y cinco en el caso de las chicas. Puede ser por el hecho de que han sufrido más emotivamente (sesenta y tres por ciento ) por comentarios que les han hecho que los chicos (cincuenta y cuatro por ciento ). De ahí que piensen más (el setenta y uno por ciento ) que la sociedad es demasiado sensible, frente al cincuenta por ciento de ellas.

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