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martes 28 septiembre 2021
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Marruecos, frente a unas elecciones sin carices de cambio

Los marroquíes están llamados este miércoles a las urnas para decidir de manera indirecta la composición del futuro Gobierno. Votarán en unas elecciones marcadas por la pandemia y en las que el Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), de corte islamista, aspira a contener su aparente pérdida de popularidad y los daños colaterales de la nueva normativa para conseguir un tercer orden.

Más de diecisiete millones de marroquíes se han anotado para participar en una histórica jornada que, por vez primera, implicará seleccionar en un solo día no solo a los miembros de la Cámara de Representantes, sino más bien asimismo a autoridades regionales y municipales.

El foco de interés, en todo caso, va a estar puesto en los comicios legislativos, a los que concurren más de treinta partidos. La supresión del umbral mínimo de votos para conseguir representación y la introducción de un nuevo cociente en el reparto de escaños en teoría favorecerá la atomización de la Cámara.

El cambio de factor complicará que un partido consiga más de un miembro del Congreso de los Diputados por circunscripción. «Al mudar las reglas de cálculo, ningún partido va a poder tener matemáticamente más de cien escaños, menos del veinticinco por ciento del total, lo que hace realmente difícil que haya un claro ganador«, explica la estudiosa Rania Elghazouli en un artículo publicado por la Friedrich Naumann Foundation.

De esta manera, absolutamente nadie duda a esta altura de que nuevamente va a ser preciso un acuerdo entre diferentes formaciones para regir, en tanto que es ya de este modo desde el año dos mil once. El PJD lleva 2 décadas encabezando el Ejecutivo y desea reiterar, nuevamente con Saadeddine Othman como portaestandarte de la capacitación que en su día lideró Abdelilá Benkirane.

Enfrente va a tener al Partido Autenticidad y Modernidad (PAM), que hoy día es la segunda fuerza con mayor representación en la Cámara, y a la Agrupación Nacional Independiente (RNI) que lidera Aziz Ajanuch, en cuyas manos estaría la mayor fortuna de Marruecos.

Retratos de Mohamed VI en un establecimiento de Rabat. EFE


Otro de los cambios introducidos debe ver con la igualdad de género, en tanto que no van a ser sesenta sino más bien noventa los escaños que van a estar reservados a mujeres en la próxima legislatura, de un total de trescientos noventa y cinco. No obstante, ninguno de los primordiales partidos aspira a tomar las bridas con una mujer como cabeza de cartel.

Las elecciones llegan tras un verano de récords en lo que se refiere a los contagios de coronavirus, con cifras nuevas desde el principio de la pandemia –picos superiores a los diez positivos diarios–. El reino alauí todavía tiene unos cuarenta y siete casos de COVID-diecinueve activos y avanza cara los novecientos en términos globales.

La celebración simultánea de diferentes elecciones entronca con el interés de las autoridades de estimular la participación, aunque la jornada se desarrollará todavía bajo una urgencia que, por poner un ejemplo, establece limitaciones a la movilidad desde las veintiuno horas. En dos mil dieciseis, la participación ya fue inferior al cuarenta y tres por ciento.

Además de esto, este lunes, el Ministerio de Educación ordenó postergar al 1 de octubre el arranque del curso escolar, con la esperanza de que para entonces los contagios estén ya más contenidos. Más de quince millones de personas han completado la pauta de vacunación en Marruecos, conforme datos oficiales recogidos por la agencia MAP.

Otro factor que amenaza la participación debe ver con la aparente falta de confianza que ha cundido entre la ciudadanía cara los partidos, pese a que el PJD ha continuado en teoría limpio de casos de corrupción. Conforme un sondeo publicado este año por el Instituto de Estudios Sociales y Mediáticos de Marruecos, en torno a 6 de cada diez marroquíes no se fían ni de los partidos y de sus programas.

Suceda lo que suceda, tampoco se prevén importantes cambios en la política de Marruecos, que prosigue virando al ritmo que le marca el rey, Mohamed VI, pese a los cambios introducidos en la Constitución para mitigar posibles revueltas derivadas de la Primavera Árabe de dos mil once. No en balde, dependen de forma directa del monarca departamentos clave como Interior o bien Exteriores.

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