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jueves 24 noviembre 2022
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Once años de cárcel para la 'sucesora de Steve Jobs' por el fraude de Theranos

En Silicon Valley se amontonan historias de éxito, caídas clarmosoas o mezcla de las dos. Una de ellas está protagonizada por Elizabeth Holmes, la ‘niña bonita’ que se codeaba con personalidades como el expresidente estadounidense Bill Clinton. Su revolucionaria startup de análisis de sangre, Theranos, consiguió lograr una valoración de nueve mil millones de dólares estadounidenses. Absolutamente nadie se imaginaba que la llamada a ser la sucesora de Steve Jobs, y no solo por su anhelo de vestir con jerséis negros de cuello cisne como , había construido una patraña cerca de la compañía. Un jurado del Tribunal de San José, en California, declaró en el primer mes del año del año vigente a Elizabeth Holmes culpable por defraudar a sus inversores y ahora el juez Edward Davila ha determinado la pena: once años y tres meses de cárcel.

Aparte de entrar en cárcel, la creadora y ex consejera encargada de Theranos va a deber abonar una multa de entre cuatrocientos y cien dólares americanos por cada cargo de fraude efectuado. Sus abogados han logrado rebajar la pena demandada por los letrados en defensa del Gobierno, que habían pedido quince años de prisión y una sanción total de doscientos cincuenta dólares americanos.

A lo largo de su intervención, Holmes ha dirigido una excusa a los empleados, inversores y viejos pacientes de Theranos: «Lo siento mucho. Di todo cuanto tenía para edificar nuestra empresa y salvarla. Lamento mis fallos con cada célula de mi cuerpo». Aseguró asimismo, palpablemente perjudicada, que la compañía «era el trabajo de mi vida» y que «amaba y respetaba» a las personas con las que trató de implicarse.

Apogeo y descenso de Theranos

Desde bien pequeña, Elizabeth Holmes aspiraba a proseguir los pasos de Steve Jobs y crear algo tan disruptivo que revolucionase la historia. El ahínco y empeño que probó a lo largo de sus años de instituto le dejaron acceder a la Universidad de Stanford para estudiar ingeniería química y así honrar a su rebisabuelo, cirujano e inventor. Allá formó una parte del reputado «Becarias del presidente», el conjunto reducido de pupilos con las mejores notas de su curso. Cuando llegó el verano, Holmes logró unas prácticas curriculares en el Instituto de Genoma de Singapur merced a sus conocimientos de chino mandarín.

La idea primigenia de Theranos se gestó por su temor a las agujas. Con solo diecinueve años, Holmes diseñó un dispositivo que examinaba la sangre desde la extracción de una gota. Solo se precisaba un pinchazo en el dedo, afín al que se realiza para medir el azúcar. Enseñó su invento a su maestro universitario Channing Roberson, quien la animó a continuar adelante con la idea. Ese fue el impulso que Holmes precisó para dejar la universidad y persuadir a sus progenitores a fin de que invirtieran el dinero reservado para su educación en la compañía recién creada, Theranos.

En dos mil tres se transformó en consejera encargada de su compañía y consiguió alzarse como un modelo a continuar para las mujeres en Silicon Valley. A los veinte años rompió el techo de cristal que parecía inmutable en el planeta tecnológico. Vestida siempre y en todo momento de negro, como su ídolo Steve Jobs, logró captar altos cargos del Gobierno y de empresas respetadas. Ciertas figuras más reconocidas fueron el exsecretario de Estado de Norteamérica Henry Kissinger, que perdió tres millones de dólares americanos, Rupert Murdoch, que invirtió ciento veinticinco millones de dólares americanos y la secretaria de Educación de U.S.A. a lo largo del orden de Donald Trump, Betsy DeVos, quien confió al lado de su familia cien millones.

Mas la verdad es que el fraude se había cuajado desde dos mil seis, 3 años después de su nacimiento. Los ingenieros y químicos que formaban una parte de Theranos no eran capaces de hacer marchar el dispositivo y las compañías farmacéuticas pedían ver una demostración para acreditar a Holmes. Ese año, la CEO de la compañía falseó una demostración a fin de que el sistema, llamado Edison, funcionase a lo largo de una asamblea con Novartis y así aseguró la financiación que precisaba.

Desde ese instante, Theranos se rodeó se secretismo: si alguien entraba en la sede, debía firmar un documento de confidencialidad, y ningún empleado tenía permiso para charlar de su trabajo, ni tan siquiera con compañeros de otros departamentos de la compañía. En dos mil nueve Ramesh Balwani, la pareja segrega de Holmes, entró en la compañía y ocupó el cargo de directivo de operaciones hasta el cese de Theranos en dos mil dieciocho. El dispositivo proseguía sin marchar y los análisis de sangre que efectuaban ofrecían resultados falsos o incompletos que ponían en riesgo la vida de sus pacientes.

El fin de Theranos llegó en dos mil dieciseis. El nieto de George Schultz, miembro del consejo de administración de la compañía y ex secretario de Estado de E.U., destapó la trama al periódico The Wall Street Journal tras trabajar en el laboratorio de la compañía a lo largo de 3 años. La visita a los laboratorios de Theranos por la parte de la agencia federal del Departamento de Salud y Servicios Sociales de USA, CMS, forzó al cesar la actividad de la compañía. Un par de años después, Theranos cerró sus puertas y sus superiores, Elizabeth Holmes y Sunny, encararon un total de once cargos penales, entre ellos fraude y conspiración.

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