¿Sabías que los huevos y los peces asimismo se vacunan?

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En los animales, como en los humanos, existen las enfermedades infecciosas. Y ocasionan muchos inconvenientes. Primero, como estamos padeciendo ahora, por su posible salto a nuestra especie causando enfermedades humanas, que si bien nos suene a nuevo es algo tan común como la misma vida.

Y seguidamente, y no poco esencial, pues asimismo generan un grave daño en una sociedad dependiente de los animales para la adecuada nutrición de miles y miles de millones de personas.

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De ahí que es tan esencial para el hombre combatir las enfermedades infecciosas de los animales. Y de ahí que son tan trascendentales asimismo las vacunas animales.

Además de esto, el propio nombre de vacuna viene de vaca, y por consiguiente procede de los animales. Desde aquellos tiempos donde se comenzó a procurar prevenir la viruela.

Vacuna viene de vaca

Había una enfermedad que se llamaba la ‘viruela de las vacas’. Era muy afín a nuestra viruela y afectaba a las vacas y a quienes tenían una angosta relación con ellas, como las lecheras.

Un médico rural inglés llamado Edward Jenner, observó que si una persona se inficionaba con la viruela de las vacas, pasaba a estar protegido en frente de la mortal viruela humana. Y empezó a usar suero de las pústulas de las vacas para ‘infectar’ a los humanos.

De esta forma creó la primera vacuna. Desde un virus animal que más de siglo y medio después condujo a la terminante exterminación de la horrible enfermedad.

Y pese a que actualmente contamos con vacunas mejores y una enorme capacidad para hacer llegar la medicina a las más inhóspitas y reservadas aldeas, la viruela ha sido la única enfermedad humana que hemos sido capaces de eliminar.

Humana… por el hecho de que con animales hay otra grave enfermedad que asimismo se ha logrado erradicar: la peste bóvida.

Una enfermedad viral que afectaba a gran cantidad de especies de rumiantes, como búfalos, jirafas o bien antílopes. Mas que preocupaba muy en especial en el ganado, por la influencia que podría tener en los humanos.

Y era una situación verdaderamente alarmante para nosotros, pues si el virus accedía a una población sin inmunidad podía terminar con la vida de todos y cada uno de los animales. Y eso hacía esencial conseguir supervisar el virus para salvar la vida de millones de personas dependientes de sus animales para alimentarse apropiadamente.

El plan para su exterminación se comenzó en los años sesenta con enorme éxito. Se logró una vacuna eficiente y económica y se aplicó de forma masiva a los animales.

Mas se interrumpieron los planes de vacunación y a fines de los setenta y principios de los ochenta padecemos un enorme brote de peste bóvida en África y Asia. Más de cien millones de cabezas de ganado murieron. Y todo por no concluir de incorporar la vacunación precisa para supervisar la enfermedad.

En teoría, en ese instante el planeta aprendió la lección: si no se termina claramente con el virus, las pérdidas proseguirán siendo habitualmente inabarcables. Y en consecuencia organizaciones como la FAO y los gobiernos se movilizaron de nuevo para conseguir la extinción del virus, muy frecuentemente en países con tiempo bélico y sin ocasiones de llegar a determinadas zonas.

Pocos años después, en dos mil uno, se advirtió en Kenya el último foco de peste bóvida en una manada de búfalos salvajes. Y tras su resolución jamás más se han vuelto a advertir casos.

La enfermedad ha sido claramente erradicada, y merced a ello millones de personas tienen el día de hoy una nutrición más completa. Y asimismo hay una influencia económica, puesto que se estima que, solo en África, la supresión del virus supone un beneficio de más de mil millones de dólares americanos por año.

Ha sido, sin ningún género de dudas, uno de los grandes logros de la Humanidad.

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¿Sabías que las vacunas nos dan de comer?

Mas la vacunación animal no se queda ahí, ni muchísimo menos. Alén de la peste bóvida, la vacunación animal ha dado acceso a carne y pescado a miles y miles de millones de personas en el mundo entero en cuestión de décadas. Pollo, cerdo, pescado… Múltiples comestibles animales están el día de hoy en estos niveles gracias, entre otras muchas cosas, a las vacunas.

La cría de pollos aumenta de año en año, siendo una fuente de proteínas imprescindible en el Sudeste Asiático y África Subsahariana. En estas zonas la dieta se compone eminentemente de arroz y otros cereales deficientes en proteínas de calidad. Y la única solución extendida la ofrece la cría de pollos.

Es un animal polivalente, que puede generarse sin grandes requerimientos alimentarios ni hídricos, sin tabúes religiosos, y además de esto tiene un tamaño pequeño, lo que deja su consumo inmediato sin precisar preservarlo.

Aun en cantidades mesuradas, sus deyecciones pueden resultar útiles para los cultivos.

Por esto los huevos y la carne de pollo son una realidad poco a poco más extendida que resguarda de la malnutrición a estos millones de personas. Y las vacunas para los pollos son absolutamente definitivas en la consecución de este logro humanitario mundial.

A fin de que nos hagamos una idea, basta decir que desde mil novecientos sesenta y uno hasta dos mil diecisiete la producción de carne de pollo se ha multiplicado durante más de trece, pasando de nueve a ciento veintidos millones de toneladas. Y la de huevos ha paso de quince a ochenta y siete millones de toneladas.

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Si se vacunan los huevos…

Y para esto ha sido esencial la vacunación en frente de numerosas infecciones como la enfermedad de Marek o bien la enfermedad de Newcastle, que han hecho que las pérdidas reduzcan sensiblemente.

Ciertas de estas enfermedades son tan graves que se vacunan a los animales ya antes aun de nacer. La técnica de vacunación usada mayoritariamente para la enfermedad de Marek es in ovo, en el huevo.

Si actualmente en una granja de pollos no vacunáramos contra el virus de la enfermedad de Marek y esta llegara a la explotación, todos y cada uno de los animales (que pueden ser múltiples miles) morirían en cuestión de días.

Y si bien aún millones de animales mueren por año debido a enfermedades infecciosas, si no tuviéramos vacunas, indudablemente, el número sería estratosféricamente mayor.

De ahí que las vacunas en las aves han contribuido enormemente al incremento productivo y a la bajada de los costes de los productos alimentarios de los pollos. Y hemos pasado del dicho aquel de “cuando seas padre vas a comer huevos”, a ponerlos en prácticamente todos los platos merced a que el día de hoy están al alcance de prácticamente todos los bolsillos.

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Cerdos, mejor vacunados que con antibióticos

En los cerdos hallamos una evolución equivalente. El desarrollo de vacunas dejó mudar de un modelo productivo eminentemente familiar a un sistema industrial, con granjas de miles y miles de animales y con distintas funciones.

La enfermedad de Auzjesky, ocasionada por un herpesvirus, se hallaba de forma frecuente en España en los años ochenta.

Un brote de esta enfermedad suponía graves pérdidas: los animales de la explotación habían de ser sacrificados para eludir la difusión, lo que acarreaba indispensables compensaciones económicas para los productores.

Además de esto, la presencia de la enfermedad en los cerdos salvajes salvajes complicaba su control. Mas la mejora en las medidas de bioseguridad y un plan vacunal eficiente han hecho que la prevalencia de esta enfermedad en este país sea prácticamente nula.

Este caso de ejemplo puede escalarse al mundo entero. En el último medio siglo se hecho posible que la producción mundial de cerdo se multiplique y dé comestible a miles y miles de millones de personas.

En el año mil novecientos sesenta y uno la producción mundial de carne de cerdo no llegaba a los treinta millones de toneladas. En dos mil veinte se alcanzan los noventa y tres millones de toneladas. Solo en China se genera el día de hoy más carne de cerdo que en todos y cada uno de los países del planeta en mil novecientos sesenta y uno.

Las vacunas contra agentes como circovirus, mycoplasma, o bien los autores del síndrome respiratorio y reproductivo porcino, o bien la peste porcina tradicional han ayudado – y asisten – a hacer esto posible.

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Asimismo los peces se vacunan

Las piscifactorías son otra de las innovaciones en materia de producción animal que han supuesto importantes beneficios. La acuicultura ha tolerado que la población mundial pueda consumir pescado en una cantidad considerablemente mayor que hace unas décadas y sin saquear los bancos de pesca, ya muy sobreexplotados.

No obstante, el éxito de la cría intensiva de peces no se debe solamente a la mayor infraestructura y mejoras técnicas: las vacunas lo han hecho posible.

Todos los años noventa millones de truchas y cuatrocientos dieciocho millones de salmones son vacunados, dejando que estos animales puedan vivir libres de enfermedades infecciosas en unas instalaciones con alta densidad de población.

Y incluso de este modo hasta el diez por ciento de todos y cada uno de los animales en esta industria terminan muriendo de enfermedades infecciosas, con lo que desarrollar planes profilácticos prosigue siendo una imposición si se quiere prosperar la salud de los animales y, consecuentemente, la eficiencia de la producción.

Sin vacunas, la solución que queda para eludir la muerte masiva sería el empleo extendido de antibióticos. Mas eso, aparte de ser más costoso, es considerablemente más conflictivo para el medioambiente y para nuestra salud. Y, además de esto, los antibióticos no serían efectivos en frente de una gran parte de las infecciones.

Conque sin vacunas la acuicultura no habría podido llegar a los niveles de en la actualidad.

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Las que están por venir

Los ejemplos podrían proseguir dilatándose a lo largo de páginas y páginas. Podríamos charlar de la lengua azul en ovejas, la fiebre Q en cabras o bien la mixomatosis en conejos. Ejemplos de vacunas que ayudan a lograr una producción alimenticia más segura y eficiente.

Mas no nos vamos a quedar solo con las conseguidas, por el hecho de que muy seguramente las vacunas animales que van a venir tengan asimismo su gran efecto.

El día en que la tripanosomiasis, la “enfermedad del sueño” de la mosca tsé-tsé, deje de estar tan presente en el continente africano, millones de familias van a poder tener un ganado más sano y, por lo tanto, una mayor estabilidad nutricional. El descubrimiento de una vacuna podría conducir a la supresión terminante de esta enfermedad, poco a poco más acorralada.

Y asimismo en el ganado vacuno hallamos otra enfermedad que, de contar con una vacuna segura y eficaz, reduciría no solo su incidencia en ganadería, sino más bien asimismo en la salud humana de muchos países: la tuberculosis. Las personas podemos enfermar de tuberculosis bóvida o bien caprina de forma fácil, por poner un ejemplo por el consumo de leche sin pasterizar.

No obstante las vacunas que existen el día de hoy para la tuberculosis bóvida no son totalmente eficaces. En países como España, con una prevalencia parcialmente baja, se practica el sacrificio de los animales inficionados. Mas no es una solución extensamente aplicable en otros lugares con considerablemente más ganado inficionado y muchos recursos más limitados económicos para encarar la pérdida.

Mas que una enfermedad que afecta tan gravemente a los humanos esté tan difusa es un riesgo inasumible. La vacuna para los animales, en un caso así, no solo salvaría su medio económico, sino más bien seguramente su vida.

Y si bien es cierto que la producción y consumo exacerbado de productos animales en países más industrializados implica graves problemas médicos y medioambientales, asimismo es cierto que la llegada de proteína animal a muchas comunidades no tan desarrolladas ayuda a salvar vidas y a edificar una sociedad más sana y estable.

No existe ninguna duda de que el consumo ha de ser responsable y que el desarrollo de la ganadería debe siempre y en toda circunstancia respetar la salud ambiental si no deseamos consecuencias todavía más graves. Mas el consumo animal como las aves de corral o bien el pescado aporta nutrientes precisos a bastantes personas que por carencia de recursos no tienen otra forma de conseguirlos.

Las vacunas humanas han salvado mil quinientos millones de vidas. Mas las prácticas de prevención, donde se encuadran la actuación veterinaria, las mejoras técnicas y, evidentemente, las vacunas animales, han hecho que estas vidas, y considerablemente más, el día de hoy puedan contar con una alimentación conveniente.

Higia pecoris, salus populi.

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